Barcelona, divendres 18 de gener de 2008
Lleno sin agobios para escuchar al baterista de Brad Mehldau presentar su primer disco como líder. Pero la música de Jorge Rossy no es un calco de su anterior jefe y discurre por sus propias vías. Su trío resulta desconcertante de entrada: piano (Rossy), órgano (Albert Sanz) y batería (R.J. Miller). Sin contrabajo. Empezó con un par de piezas de Sanz entre el revival y la actualización irónica del jazz ambiental de coctelería casposa norteamericana de los años 50 o 60. Jordi se reveló como un gran entertainer al comentar cada tema con muy buen humor y mucha gracia. Nos hizo partícipes de su preocupación por los temas poco ensayados, reivindicó el “placer de ver descarrilar el tren” si un tema se descontrola y repasó en voz alta a sus músicos la estructura de algunos temas antes de tocarlos, cual ensayo, delante del público, cosa que resultó muy didáctica e iconoclasta. El tren no descarriló, ni mucho menos, e incluso los contados errores del mismo Rossy fluían como aciertos en su nuevo rol como pianista.
Añadió a su hijo Fèlix a la trompeta. ¡Pánico!: ¡Niño hijo del artista en el escenario! Pero el chaval se sabía perfectamente su papel e interpretó con tono sensible y temple frágil frases e improvisaciones de muy buen nivel. ¡Uf! Alivio y placer.
Los temas se sucedieron en crescendo artístico, apoyados también con el saxo de Enrique Oliver, y finalizó con “Wicca”, tema que da nombre al disco, donde el largo trabajo de Rossy hacia su nueva etapa como músico de nivel internacional despliega toda su inspiración.
Shabir Al-Amani