e Presente prisión (nada es provisional por poco que dure) | Nativa
Skip to content


Presente prisión (nada es provisional por poco que dure)

Escrit el 30/10/2020 per Ramon Faura a la categoria Comentaris al marge.
Tags:

Enllaç a la versió en català

“Por lo demás, el hombre conoce varios ritmos temporales, y no solamente el tiempo histórico, es decir, el tiempo suyo, la contemporaneidad histórica. Le basta con escuchar buena música, enamorarse, o rezar, para salir del presente histórico y reintegrarse al presente eterno del amor y de la religión.”

Mircea Eliade

El otro día Jordi Oliveras me hizo llegar esta cita de Mircea Eliade, que él había sacado de un comentario de Andrea Soto en FB. De alguna manera creo que tiene que ver con unas notas que grabé con el teléfono mientras cruzaba Barcelona a pie, a las ocho de la mañana, esquivando las ofensivas invisibles de Covidi escondidas en cada esquina.

Alguien dejó escrito, no Eliade, creo que fui yo mismo el otro día, que el presente es una prisión construida con barrotes invisibles y que a estos barrotes invisibles, los llamamos futuro. Veo que por las calles hay anuncios de esta serie que vi hace poco, Vernon Subutex. Y pienso en la serie y pienso que en realidad me gustó. Si me pongo tiquismiquis, podría encontrarle, seguro, muchas cosas tontas; la mayoría, tal vez, atribuibles a determinada idiosincrasia francesa que cree está reventándolo todo cuando, en realidad, desde el punto de vista cainita del otro lado de los Pirineos, criado entre “berberechos”, cazalla y películas del Ozores, esas supuestas boutades de rompe y rasga, me suenan más a broma inocentona de catequista bonachón; pero en todo caso, pasado un mes, celebro haberla visto. De hecho, hay algo que la serie explica super bien, y es esa sensación que algunas tenemos, cuando vamos por la calle con los auriculares encajados en la cabeza. Intempestivo puro. Fuera de la actualidad. Lejos de esta estrecho y mezquino pedazo de alfombra ajada y sucia que llamamos presente.

Pienso en todo eso ahora mismo (esto son notas dictadas al móvil mientras camino), tras dejar a Nic en el colegio. Es super pronto, al menos super pronto para mis parámetros, digamos biométricos, y más cuando has estado escribiendo la noche anterior hasta las tantas, pero en todo caso, bien. La subida al cole con él siempre es entretenida, gloriosa a nuestra manera (aunque él no lo sepa todavía) y la bajada, ya solo, me pongo los auriculares y de pronto, pam, estoy fuera fuera.

Y esto, estar afuera, con los tiempos que corren, no es ninguna tontería, al otro lado de los barrotes invisibles, y es, de hecho, mucho mejor que un consuelo, porque de hecho no es un consuelo, ya que un consuelo, de alguna manera, sólo sirve para acomodarte en todas esas miserias que tú no has elegido como problema tuyo, la famosa esperanza. En cambio, salir fuera, saltar la valla como cuando en la escuela nos escapábamos al bosque durante la larga interrupción del mediodía, las cosas toman otro aspecto, las ventanas amarillas del aula desaparecen, la voz del monitor se desvanece y la cosa ya no va solamente de pasar el rato.

Es esa vieja sensación de saltar la valla, de ponerte los auriculares por la calle, lo que la serie explica muy bien. No sé si la habéis visto: el protagonista es alguien totalmente desubicado, fuera del tiempo, ya no entiende cómo funciona nada. De hecho la serie comienza con el desahucio del protagonista, una gran metáfora, más allá de la real injusticia social que supone perderlo todo, incluso tu ubicación, el lugar en el que vives, desde el que hablas y amas. Pero en cambio, por mal que vaya todo, cuando se coloca sus auriculares y y reingresa de nuevo en su infinito cosmos íntimo, todas las mezquindades se difuminan y, en cierto modo desaparecen.

Como siempre escuchamos la misma canción, aunque sea nueva, aunque sea de hace dos días, nos pasamos la vida buscando esa canción que nos lleva a aquella primera canción que además de abrirnos los ojos nos abrió las orejas y la boca, a todo, a toda las cosas, pues de alguna manera, como siempre escuchamos la misma canción, decía, ese ponerse los auriculares y salir del tiempo del reloj, también pasa por situarte en ese preciso momento anterior, justo en esa primera canción, cuando todavía no habías entendido con todos sus pormenores, lo que significa el término hijo de puta, ni la palabra dominación, ni la palabra humillación, ni la palabra subyugación, ni la palabra control, ni las palabras miedo a lo real, ni la palabra enfermedad .

Te descubres en una especie de estado divino, seguramente unos de los estados más cercanos a lo que explican los sintoístas sobre su camino hacia los Dioses. De repente tú, caminando, fusionándote con el medio que atraviesas a pie, con los auriculares puestos en tu cabeza, te conviertes medio, dejas de ser tú, caminando, no es casualidad que el gran intempestivo pensara y escribiera caminando, Nietzsche, tu yo se diluye, sencillamente te conviertes en algo que escucha, y en este caso el yo escucho no conlleva un yo soy, porque de hecho no eres yo sino escucha, Johnny Thunders ahora o los Cramps dentro de unos minutos, sin yos que valgan, así pues, escucho y por tanto no soy, me diluyo y me evaporo y me extravio por unas calles que a pesar de conocerme de memoria, se convierten en misterio.

Y al contemplar las rostros desde el otro lado, al revés, las muecas ignotas, y todos los mecanismos de control que desde hace años y años, desde que tienes habla, se te administran de forma cuidadosa, disciplinada, simpáticamente, con amabilidad, fuckin ‘friendly entourage, a través de la piel y a través de la sangre, a través de la televisión y a través de los gestos miedosos de los mayores, a través de las clases y a través de las actividades extraescolares, y a través de los semáforos y a través de las voluntariosas observaciones de tus amigos, que en su corrección formal, quizás sin saberlo, te insultan cada vez que te nombran, y a través de otros semáforos y a través de las colas, a través de los discursos políticos y a través de la coactiva fraternalidad infiltrada. Y todo esto, de pronto, primera canción, se convierte en lo que en realidad es, una solemne estupidez-trampa donde sólo se encuentran cómodos, donde sólo hacen carrera, aquellos que nunca han escuchado una primera canción, los gusanos, los confinados dentro, los que nunca han atravesado un medio desconocido a pie, escuchando una maravilla como la que yo ahora mismo estoy escuchando, es decir, este glorioso y siempre nuevo Born to lose los Heartbreakers.

Foto de Boris Thaser


0 Respostes

Si vols pots seguir els comentaris per RSS.



Pots escriure HTML senzill

Trackback?



Últims comentaris

  • Ramon: Gràcies!! Feia temps que no l’escoltava i va ser com una epifania looser molt saludable. :)
  • Mon1889: M’ha agradat molt l’article. Hi reconec moltes veritats. A part que una referència final als...
  • Rosana: perdón, 7 años
  • Rosana: Han pasado 13 años desde que escribiste tu respuesta a ese articulo y aqui estoy, en Argentina – al...

Autors

Arxius

Què és Nativa.cat?

Nativa és una publicació musical editada per Indigestió (abans en paper, ara només a internet), dedicada a la cultura musical de la ciutat de Barcelona. Parlem de música des de la proximitat, des del coneixement immediat dels músics i les seves produccions, del públic i les seves reaccions, i no tant des de la cultura mediàtica global.

Què és Indigestió?

Indigestió és una organització professional, i no-lucrativa, creada el 1995, que treballa, des de Barcelona, per promoure la cultura musical, des de la perspectiva del ciutadà. El nostre eix principal no és la promoció dels artistes o el negoci musical, sinó l’aprofundiment en les relacions entre la societat i els artistes. Ah, i també tenim una medalla del FAD!

Contacte

Mail to info(a)nativa.cat

Política de privacitat

Donen suport

fesnos_indies
mininativa és una publicació d'mininativa subjecta a una llicència Creative Commons ( BY NC ND )