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Informe de Sant Jordi

Escrit el 12/04/2017 per Abel Cutillas i Isabel Sucunza a la categoria Ho deixo anar.
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L’Abel Cutillas i la Isabel Sucunza han escrit per a Nativa un capítol extra que no surt al seu llibre “Informe de lectura”. Això és el que haurien dit si hi haguessin parlat de Sant Jordi.

Sant Jordi al passatge

Abel Cutillas

Per una llibreria Sant Jordi és massa important. En un dia es concentra la venda d’un mes, aproximadament. És la nostra paga extra, per dir-ho així. De fet, és la gran distorsió del món del llibre, per a bé i per a mal. Les coses que passen per Sant Jordi no passen la resta de l’any, les cares que veus aquell dia, a la televisió o a la llibreria, tampoc. Així, cal enfrontar-se a la data sent conscient de la distorsió, però sense exagerar.

Nosaltres vam notar ben aviat que, tot i les particularitats del dia, has de seguir sent la llibreria que ets, perquè és un dia en que reps la visita de molt públic ocasional, però també dels habituals. A més, és precisament el dia en que molta gent que no et coneix et pot descobrir, per tant, cal que la teva personalitat com a llibreria, això és, els llibres que tens, quedi ben especificada. No et pots deixar sepultar pel producte de temporada. Alhora, has d’estar atent a la demanda del públic del moment. Una mica d’equilibri i cintura, vaja.

Nosaltres vam notar ben aviat que, tot i les particularitats del dia, has de seguir sent la llibreria que ets

Una de les millors sorpreses, de les més positives, que hem tingut a la llibreria durant aquests anys és que inclús el dia de Sant Jordi la gent es decanta per la bona literatura. Dit així, pensant per un moment en les llistes dels més venuts que acostumen a aparèixer als mitjans l’endemà de Sant Jordi, un no s’ho creuria, però és així. La llista dels més venuts, de qualitats literàries sempre intermitents, a vegades molt bé, a vegades no tant, representa un percentatge molt petit dels llibres que es venen aquell dia, un cinc per cent aproximadament. El noranta-cinc restant, encara que no aparegui als titulars, és en realitat la part del lleó.

Evidentment, un ven els llibres que té, i si tens una bona quantitat de bons llibres el dia de Sant Jordi els vens, sense manies. És més, com deia més amunt, una de les primeres alegries que ens vam endur en els primers sant jordis va ser que les piles de bona literatura baixaven a molta més velocitat que les dels llibres ocasionals, oportunistes inclús, vam comprovar també que el personal seguia estant atent a les recomanacions del local i que es posava, en general, una certa cura i atenció en el regal que s’adquiria.

Potser això xoca amb la visió barroera que tenim del Sant Jordi però, per experiència pròpia, puc dir que segueix sent la festa del llibre i de la literatura, amb la distorsió que comporta, sí, pel seu volum econòmic i per l’atenció desmesurada, desmesurada perquè es concentra en un sol dia, que la societat ens presta. Tot i així, tot i el desequilibri que comporta, Sant Jordi segueix exigint al món del llibre el millor de si mateix i reglant-li alguna alegria.

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Off Sant Jordi en el Antic Teatre

Isabel Sucunza

Si una cosa tienen las tradiciones es que te caen encima ya montadas. Sant Jordi es una: tiene su día, su lugar y su código. Y la industria le debe muchísimo, no nos vamos a engañar; cuando una librería se pone a hacer números (supongo que editoriales y distribuidoras hacen lo mismo) cuenta con abril como el mes de la inyección que le hará encarar el verano soñando casi con unas vacaciones pagadas, entendiendo por “pagar” pagar el alquiler del local y los libros comprados, tampoco os penséis, o al menos un poco más aliviadas de deudas pendientes.

Si una cosa tienen las tradiciones es que te caen encima ya montadas. Sant Jordi es una: tiene su día, su lugar y su código. Y la industria le debe muchísimo, no nos vamos a engañar

En marzo de 2014, cuando estábamos a punto de abrir la Calders, recuerdo una noche en el bar antes conocido como el Tahití, que después de todo un día que entre cajas, obras a medio terminar y estanterías que no acababan de llegar, le dije a Abel Cutillas en un suspiro que sonó a derrota: “igual es un poco de locos querer abrir antes de Sant Jordi”. Estábamos a finales de marzo y el fondo del pasaje ni siquiera se parecía un poco aún a la imagen que todos tenemos en la cabeza que tiene que ser una librería. El socio, muy de soltar sentencias él, me respondió: “no. No abrir antes de Sant Jordi sería de cobardes”. A buena le dijo aquello; vaya que si abrimos. Aquel primer año nos las arreglamos para alquilar media parada en paseo de Gràcia. Martí Sales, Marina Espasa y Olga Jornet se vinieron a hacer de libreros. Nos pasamos todo el día de caixa-cobri; no teníamos ni idea de si lo estábamos haciendo bien. Pasaba la riada de gente por delante, cogían libros, nos tendían un billete y nosotros les dábamos el cambio. Acabamos aquella noche en el Sidecar, en un fiestón que habían montado los amigos de Males Herbes, la editorial, con cara de BUAH! y con la sensación de que nos había pasado un camión por encima. Al día siguiente, ya en la librería, con mucho sueño y con cientos de libros por volver a poner en su sitio, comprobamos que los números salían. ¿cómo? Ni idea, pero vimos que salían bien.

Vimos también que eso no tenía nada que ver con lo que el resto del año era la librería.

Empezamos a pensar que si nosotros habíamos montado un sitio para poder hablar de libros con relativa tranquilidad, poder ofrecer una selección de títulos nuestra, no la que marcara el mercado, y que fuera punto de encuentro entre gente del sector y público lector, por coherencia tendríamos que empezar a pensar también en montarnos un Sant Jordi que se pareciera un poco a todo eso. Hay librerías que ya lo hacen, por ejemplo: un par de semanas antes del día D, Dòria Llibres, de Mataró, organiza una jornada de encuentro con escritores, editores y libreros, que supone un poco el tiro de salida de todo el mogollón. Esa era la idea. Nuestro reto era montarlo el mismo día 23 de abril. La cuestión era que si no queríamos cambiar el día que marca la tradición, lo que sí que íbamos a tener que cambiar era el sitio: es prácticamente imposible encajar una buena mesa de firmas y, además, un espacio de recitales, lecturas, con la idea de que la gente se quede por ahí charlando y tomándose una cerveza tranquilamente en ninguna de las dos ramblas (la de Catalunya o la original) o en paseo de Gràcia, que son los lugares top de la jornada.

Era ya 2015 y habían aparecido los It’s Written. La Calders nació como librería “especializada en libros”; los It’s Written nos habían supuesto hacer una única excepción: solo tenemos libros, sí, pero también las camisetas y bolsas que ellos diseñan. Gil y Luc comparten tanto nuestro espíritu de fidelidad por la obra escrita de algunos autores que cuando vinieron a ofrecernos sus cositas, no pudimos decir que no. También nos ofrecieron su colaboración para montar un Sant Jordi al que desde casi el primer día que hablamos con ellos le empezamos a poner un “off” delante.

Vimos también que eso no tenía nada que ver con lo que el resto del año era la librería.

Ellos tenían contacto con la gente del Mutuo Centro: un local enorme en una de las calles que van a dar a Via Laietana, que normalmente funciona como galería de arte y sede de mercadillos y festivales diversos. Montarlo allí fue fácil, lo que fue complicado fue explicarle a la gente cómo llegar. Lo conseguimos y el Sant Jordi de 2015 también salió bien. Creo que Sant Jordi siempre sale bien, aunque cada vez que digo esto, algún librero más veterano me mire con cara de “nena, cómo se nota que acabas de llegar”.

En una reunión con Gil y Luc posterior al Off Sant Jordi 2015 decidimos que el sitio se podía mejorar. El Antic Teatre surgió como posible ubicación casi en la primera conversación. No era solo que tuvieran un patio estupendo, bar y sala para organizar lo que se nos ocurriera, sino que también compartíamos con ellos una idea participativa del funcionamiento de la cultura, al margen de la cosa institucional. Escribimos a Semolina, la jefa, con nuestra propuesta y tardó nada no solo en decirnos que sí sino también en poner a toda la troupe a trabajar. Semolina es la maestra de la eficiencia; es prácticamente imposible decirle a Semolina que quieres hacer una cosa y acabar no haciéndola.

El espacio del Antic nos daba la posibilidad incluso de contar con dos áreas separadas; en una íbamos a montar las mesas de libros y firmas y en la otra, gracias a Laia Falcón, de la revista El Culturista, las actividades infantiles. El teatro cuenta con su programación también y fue la misma Semo quien en seguida dijo de adaptar la de aquella semana al contenido literario. Además se da la circunstancia de que el mismo 23 de abril es el aniversario del Antic, cuando nos enteramos de este dato fue como si todo encajara: sonaba perfecto.

La de este 2017, aunque es el segundo sant Jordi oficial que celebramos con el Antic, será la tercera edición de nuestro particular Off Sant Jordi; el de 2016 salió tan bien que decidimos montar otro, con la misma estructura, con los mismos libros, con el mismo personal, en el mismo sitio, en edición especial de otoño. Habrá de nuevo escritores, poetas que leerán en voz altra, actividades infantiles, un espectáculo infantil en la sala del teatro al mediodía y otro para adultos y un concierto por la tarde y por la noche respectivamente.

Volver a juntar fuerzas con el teatro supone para nosotros, además de poder contar con un lugar de lujo para plantar nuestras mesas de libros, reafirmarnos en nuestro activismo por una cultura que va más allá de las instituciones y que tiene más en cuenta al ciudadano como individuo que como masa. Supone también un gesto hacia nuestros clientes habituales, los que nos hemos ido haciendo a lo largo de estos tres años de funcionamiento de la librería, que sabemos que no se conformarían con el escaparate de libros producidos al por mayor que se van a encontrar en la mayoría de las paradas del circuito oficial.


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