Preferiría no hacerlo. No escribir estas palabras. No está claro todavía qué es lo que pasó, pero el sábado murieron dos personas por un paro cardiorrespiratorio durante el concierto del Indio Solari en la ciudad de Olavarría (a 400 km de Buenos Aires, en Argentina).
Más de 250 mil personas entraron al predio donde se llevó a cabo el concierto, superando ampliamente lo previsto, así como la capacidad del lugar. Avalanchas y un colapso general que dejó además personas heridas, otras desaparecidas durante horas, y muchas sin transporte para volver a sus casas.
No escribo para explicar quién es el Indio Solari ni qué significa su música y la del grupo de rock que lideró durante tiempo (Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota o simplemente “Los Redondos”). Escribo estas líneas para no callar la tristeza.
El muy verdugo cena distinguido
una noche de cristal que se hace añicos
En 1991, después de un concierto de Los Redondos en Buenos Aires, Walter Bulacio, un chico de 17 años, murió por los golpes que la policía le dio en la comisaría. El grupo dejó de actuar en Buenos Aires durante muchos años y sus conciertos implicaron que miles de personas se movieran por gran parte de Argentina. Este fenómeno continuó, e incluso creció, con la separación del grupo y la carrera del Indio Solari como solista. Un año antes del concierto de Olavarría, el Indio Solari había tocado en la ciudad de Tandil para más de 150 mil personas.
Es casi imposible explicar lo que representa un concierto de Los Redondos o del Indio Solari. Peregrinación, ritual, misa, toma de una ciudad, acampada gigantesca, son palabras (imperfectas) que se usan para intentar describir lo que implica un concierto como el del sábado. Música y comunidad son otras dos (también imperfectas) que se me ocurren para intentar decir algo sobre este fenómeno político cultural popular.
Mi amor, la libertad no es fantástica
no es tormenta mental que da el prestigio loco
Sin la música, y sin la poesía del Indio Solari, no hay explicación que valga la pena. “La principal regla poética es conmover, todas las demás no se han inventado si no para conseguir eso”, escribió hace poco Solari. Su música y sus letras consiguieron emocionar, interpelar, poner en pie y, evidentemente, hacer bailar. Popular, a veces críptica, sin condescendencia e invitando a tomar parte.
Pero la música venía de la mano de algo así como un fenómeno contracultural, que fue dando lugar a un mito. Uno que, como todos, tuvo su parte de invención. Los Redondos producían sus discos de manera independiente, no daban entrevistas y no hacían conciertos fuera de Argentina (con alguna excepción en Uruguay).
Yo sé que no puedo darte
algo más que un par de promesas, ¡no!
Ticks de la revolución,
implacable rocanrol
y un par de sienes ardientes
que son todo el tesoro.
Pero tampoco hay fenómeno político cultural popular si la gente no lo hace suyo. Sin la posibilidad de sentirse parte de algo. Ir a conciertos de Los Redondos y del Indio Solari me unió a mucha gente cercana. Pero en ningún otro espacio formé parte de algo con gente tan diferente. Sentíamos que era un espacio para encontrarnos, y compartir algo, con los otros. Que podíamos ser nosotros, al menos por un tiempo y en algún lugar. Quiero creer que no era una fascinación. Sí en parte una ficción, pero también un encuentro honesto.
El último concierto del Indio Solari al que pude ir fue en 2011, en una de esas vueltas-visitas a casa. Ya de regreso en Barcelona, escribí unas notas y las mandé a las personas con las que había compartido el viaje. “Vamos remontando esta ruta, desanudando camiones y buscando coches peregrinos. Hay mucho que compartimos y vida propia en cada una de nuestras miradas. Los pasos previos son pequeños actos de espera en común, y los últimos pasos tienen el peso de aquello de lo que somos testigos: casi un vía crucis, pero sin dolor. Ya estamos en el ruedo, y lo que sigue es la fiesta unánime. El temblor tiene gusto a tierra, para los que volvemos, para los que se inician. Todos, al mirar desde el final, descubrimos la definitiva ola en la que viajamos juntos durante estos días.”
¡No mires por favor! Y no prendas la luz
La imagen te desfiguró.
No puedo dejar de pensar en las contradicciones. En los conciertos de Los Redondos y del Indio Solari siempre hubo violencia y exclusión. La traía la gente (la que venía con y sin entrada), pero también la violencia la imponían desde fuera. En algunos conciertos, no en todos, pasamos miedo. Viajamos kilómetros y nos quedamos fuera, sin poder entrar. Pero volvimos.
Durante mucho tiempo, cuidarnos entre nosotros (un nosotros amplio) fue suficiente. O tal vez no, pero nosotros creíamos que sí. No sé qué pasó esta vez. Los “grandes” medios de comunicación, vulnerando como otra veces los límites, buscan culpables entre los que peor debieron pasarla. Supongo que cabe recordar: quien tiene más poder, tiene más responsabilidad. A pesar de todo, en medio de la debilidad y el colapso, la gente organizó esfuerzos para ayudar a reencontrarse.
Con estas muertes, mueren personas que formaban parte de algo que tal vez podamos llamar comunidad. Y también muere un poco eso que la hacía más fuerte, unida y abierta. Estoy triste y sólo se me ocurre volver a la música.
Cuando la noche es más oscura
se viene el día en tu corazón.
Vídeo del 2011 d’Angel Ricotero:
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