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“¿Debería irme o debería quedarme?” Conversaciones y apuntes sobre música política

Escrit el 20/04/2014 per Guillermo Zapata a la categoria Art i compromís polític, Ho deixo anar, OPINIÓ.
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0.- El debate que se da con la relación entre música y política solo se da de esta forma particular al hablar de música y política. Cuando se habla de literatura y política se habla de otras cosas, cuando se habla de cine y política se habla de otra totalmente distinta. Es posible, entonces, que el debate sobre música política hable mas bien de la música y de aquello que la música es o aquello para lo que la música sirve que de cualquier otra cosa.

1.- Un yo de 16 años, pelo largo hasta los hombros y mentón prominente. Camiseta de Extremoduro de manga larga, pantalones vaqueros y zapatillas. Estoy junto al teléfono de una vivienda que se sitúa en una urbanización amurallada en medio del barrio de Aluche. Con un pie en la clase media acomodada de unos padres profesores universitarios y otro en un barrio de clase trabajadora y ladrillo visto. Al otro lado del teléfono está Fernando Madina, cantante de Reincidentes. Le estoy entrevistando. Acaba de salir su disco “Materia Reservada” y la última canción me hace pensar que se van a separar. No soy un periodista, soy un fan. Me explican que no, que tan solo dejan su actual discográfica, Discos Suicidas, y se van a una grande. Me explican que “los suicidas” les estaban tangando con las condiciones de trabajo y de los discos. Total, que ser independiente es una cosa complicada.

El yo de 16 años se reencuentra con un yo con sobrepeso de 34 años, barba y una incipiente calva, mismos pantalones, parecidas zapatillas, distintas las camisetas (aunque quizás no tanto). Reincidentes cumple 30 años en la música y saca un disco con versiones y canciones nuevas. Una de ellas se llama “Al Asalto”. El yo de 16 años sonríe satisfecho cuando el yo de 34 escucha “Al Asalto” y siente la energía de eso que se llamó rock urbano recorrer su cuerpo. “Al Asalto” es una descarga guitarrera de  tres minutos y medio que habla, por decirlo sencillo, de hoy. Dice palabras que Reincidentes no suelen usar como “indignado” o, mucho mas importante… “victoria”, en concreto, “vamos a ganar”. Es una canción alegre. Durante mucho tiempo decir música política era decir pasiones tristes. Quizás a mi yo de 16 años no le gustaba Reincidentes por decir “está todo fatal” sino por una energía que hoy el tío de 34 traduciría como “Sí se puede”.

2.- Charlando sobre este artículo con Jazmín Beirak, se saca una frase que, creo, resulta útil: “escribir las canciones políticas como si fueran de amor y las canciones de amor como si fueran políticas”. La contundencia de la frase (además de remezclar a Alfred Hitchcok y su teoría de como filmar asesinatos) se produce tras una discusión sobre la repolitización de Nacho Vegas. ¿Pero es que Nacho Vegas no era político antes de lanzar sus últimas canciones? Beirak sostiene que sí, sostiene incluso que es posible que fuera más político antes que ahora. ¿Por qué? Es otra forma de entender lo político en/de la música. Una forma que atiende mas a la subjetividad y a la apertura de espacios para ver el mundo de otra manera. La forma de hablar de amor de Nacho Vegas deshace los lugares comunes y te coloca en otro sitio. Entonces puede haber una música política de intervención, de erosión, de empuje, de energía. Y otra de vacío, de apertura, de, yo sigo con Nacho Vegas, Resituación. Ambas formas de acción política las identifico con el 15M, a la vez.

3.- Sin embargo, las gentes del colectivo musical Ecos del Gueto identifican la política en otro lugar, en la periferia, en el Hip Hop de banlieue, en el Reggaeton mas pegado al suelo, en la Cumbia Villera y los Narcocorridos. Atienden mas bien a los afectos y los efectos. Yo, que identifico política con herramienta, y por tanto con cierta separación y/o artificio, llamaría a eso subjetividad y potencia sociológica. Es más ambivalente su discurso porque está más atravesado de materialidad y verdad. Es popular (y por tanto conflictiva) porque nace sin mas mediación que dar cuenta de la vida de quien está más jodido. Ahí radica su legitimidad. Mi pega cuando discuto con ellos, que por otro lado saben mas que yo de estos asuntos, es que nosotros (generacional, sociológica e incluso geográficamente) no pertenecemos a esas periferias y debemos tener cuidado con la posibilidad de ensimismarnos en ellas… o al contrario, de no recordar que si somos generacional, económica y geográficamente la periferia de algo: Europa. Y quizás tenemos mas que ver con el Favela Funk que con Vetusta Morla… ¿O quizás no? ¿O todo a la vez? La música de las clases medias en la crisis queda para otro artículo.

4.- Saco a colación Vetusta Morla para hablar de Amaral, otro grupo que está en ese lugar en el que el indie se hace mainstream o el mainstream empieza a Indi(ferenciarse) Sus últimas canciones son, dicen los medios, políticas. Nadie con dos dedos de frente podría negar que parten de una intencionalidad clara. Pero no quiero dejar de lado las acusaciones puristas de quién creyó que el 15M significaba que la sociedad se había vuelto activista de los movimientos-sociales-tal-y-como-los-conocemos (TM) en lugar de ver que lo que sucedía es que se repolitizaba. La repolitización no es más que la resignificación de las posiciones de cada uno. No es colocarte en otro sitio (volverte activista) sino estar de forma distinta en el sitio en el que estabas.

Lo que me parece interesante, es que cuando Nacho Vegas habla de sus nuevas canciones, desde lo mediático se le sitúa en un campo de, vamos a llamarlo, vanguardia artística que interviene un lugar poco politizado como es el indie, y sin embargo, cuando Vetusta Morla o Amaral hablan de sus canciones se entiende que recogen algo que está pasando. Hipótesis: la política se construye de forma distinta cuando estás en las periferias (eso es la independencia) y cuando estás en el mainstream. Las periferias intervienen, agujerean, fugan, pero el mainstream ya no produce, simplemente recoge.

El mainstream va por detrás de lo social y define su vigencia por su capacidad de escucha. Si cambias mainstream por partidos políticos y periferias por ciudadanía te llevas una sorpresa muy chachi en lo político. Pero estamos hablando de música, ¿no?

Pd.- La política no es solo el discurso. Ni la música. También son las condiciones materiales que lo posibilitan, la propiedad de quién elabora la música, los lugares dónde esa música puede ser escuchada (y su precio) la relación que se establece con quien escucha esa música y qué derechos tiene. Hablamos poco de eso. Yo mismo, aquí, no he hablado de eso. Mal.


Una resposta

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  1. Rubén Martínez says

    Gracias por el relato Guille :) Sobre el punto 2 tengo una duda, pero sobre la hipótesis final, tengo una gran duda. Me centro en la mayor.

    Lo que no veo claro según lo que comentas es si algo ha cambiado en los ciclos típicos de las industrias culturales (o del “mainstream”). Partamos de otra hipótesis: desde su propia fundación, la industria cultural no ha hecho otra cosa que subsumir la cultura popular. De hecho, esa es la propia definición de la “industria cultural”: la mercantilización de la cultura y la producción de deseos sobre el cuerpo proletario actuando como dispositivo de dominación. Las subculturas también padecieron una historia similar. O pensemos en los coolhunters: como cazadores de patrones que van emergiendo en redes de producción cultural al margen del mercado, no son otra cosa que sujetos que inyectan valor diferencial (autenticidad) a la industria cultural. Entonces, podríamos decir que el mainstream no “recoge” sino que subsume. Básicamente, porque es lo que ha hecho siempre…ya no entro en si es bueno o malo, pero si lo comparamos con los ciclos históricos de las industrias culturales, casi diría que no ha cambiado gran cosa. Partiendo de esto, otra posible conclusión es que el mainstream siempre ha ido por detrás de lo social pero define su vigencia por su capacidad de subsunción.



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