Ya sé que el término alternativo o independiente no tiene sentido hoy en día. Y que el enfrentamiento ideológico entre esas expresiones y sus presuntos antónimos (comercial, mainstream) es estéril. Pero aún se usan, como tantas otras palabras de equívoco significado. Hace ya meses que yo intento no utilizarlas, pero cuesta. Sueño, incluso, con acuñar nuevos términos más ajustado a la realidad, pues creo sinceramente que hallar una nueva expresión para referirse a estas músicas (supuestamente a la contra, menos convencionales, dirigidas a un público especializado) sería un hito descomunal para el desorientado y engatusado periodismo musical.
Por eso, en cuanto tengo un rato libre, me pregunto: ¿qué diferencia hoy a unos artistas de los otros? Es un intento de aplicar una metodología pseudocientífica a mi búsqueda. ¿El destinatario de la música? ¿El entorno donde se presenta? ¿La empresa que lo publica? ¿El canal de difusión? ¿La intención creativa del autor? ¿Su trasfondo ético?… Tal vez algunas de estas características podrían darme pistas, pero actualmente todo es aún más difuso y confuso de lo que parece. Que ya es decir.
El destinatario de la música mainstream es, como su nombre indica, el público general, espectadores de cualquier extracción social. En cambio, el de la música alternativa (esa que en los años 80 fue bautizada en Estados Unidos como rock universitario) pertenece a una clase más concreta; y no especialmente baja. Hoy ese público indie tiene un poder adquisitivo más que considerable; sólo así se explica la profusión de marcas patrocinadoras en los festivales punteros. Y los modelitos y marcas que se estilan…
…Lo cual nos lleva al tema del entorno. El decorado de fondo podría ayudarnos a distinguir entre la música comercial y la más alternativa. Pero tampoco aquí se advierten diferencias radicales. Ambas han sido engullidas por agentes de la industria de consumo que poco o nada tienen que ver con la cultura. Tampoco puede decirse que las propuestas indies sean para un público más reducido. La semana pasada vi a Shakira de más cerca y con menos gente alrededor que a PJ Harvey. E incluso salas de aforo reducido tienen espónsores que colocan su nombre por encima del grupo que actúa.
Los canales de difusión tampoco son de fiar, por supuesto: tragan con lo que sea. Rosario coloca un banner en Myspace, Melendi se cuela en tu ordenador a través de Spotify, Herman Dune protagoniza el anuncio del verano… Fleet Foxes sólo conceden dos entrevistas para toda España, como Phil Collins en sus días de gloria. ¡No! Phil Collins hacía después una multitudinaria rueda de prensa. Los medios generalistas han abierto definitivamente las puertas a los músicos supuestamente minoritarios porque hoy el 98% de músicos son minoritarios.
El otro día Sr. Chinarro definía en ‘Buenafuente’ la música alternativa como música pobre o música de segunda división, entendiendo la música comercial, como música de primera división. Eso era antes. Hoy esta música pobre es una industria en sí misma, con sus estudios de mercado, sus triunfadores y sus fracasos. Las inversiones serán menores, pero eso sólo significa que se pueden recuperar antes. Y en un momento de crisis irreversible de la industria del disco, ya da igual si el sello que publica la obra pertenece a una multinacional arruinada o un sello indie endeudado. Las discográficas ya no son las empresas que sustentan las carreras de los artistas, así que tampoco tiene sentido fijarse en ellas para determinar la naturaleza del creador. En resumen: nada de lo que rodea a la música es válido para definir la música. Lo cual, en realidad, es todo un alivio.
La intención artística debiera ser, por lo tanto, la clave para encontrar la palabra mágica. Pero si nos ponemos científicos, calcar a Madonna o a Joy Division no convierte al primero en supercomercial y al segundo en superalternativo. A veces incluso ocurre al revés. Quizá por eso he tirado últimamente de expresiones tipo “música de raíz alternativa” o “la antaño llamada música independiente”. Uno, que ya no da más de sí…
Ah, y en cuanto al trasfondo moral de comerciales y alternativos, poco que decir, pues tan enrollados pueden parecer unos como otros y, al final, la mayoría de sus respectivas proclamas (en entrevistas, en canciones…) entran en idéntica contradicción con sus actos. Y, desde luego, tampoco parece que el público alternativo ande preocupado por el rumbo del mundo. Los indies están perfectamente integrados como colectivo en el rodillo capitalista, aunque individualmente haya a quien le desconcierte la imparable decadencia de la civilización.
Todo esto son obviedades, lo sé. Como obvio es que sí hay circuitos alternativos y artistas creativamente arriesgados a los que se podría aplicar los términos alternativo e independiente; aunque seguro que los repudiarán por perversos y manoseados. Sólo pretendía ordenar las ideas y descartar los tópicos más flagrantes antes de pedir, de suplicar, ayuda. Yo sólo busco una expresión para redefinir algo tan intangible como la diferencia entre, por ejemplo, Animal Collective y Amaia Montero. Si no la encuentro empezaré a pensar que lo que me faltan no son palabras, sino argumentos. Igual es tan sutil que, en realidad, esa diferencia ya no existe y sólo es el vestigio de una creencia antigua… Yo diría que sí existe, pero que las palabras con que la definimos ya no son las correctas; están desgastadas y moribundas. O que los modelos y artistas en los que queremos justificarlas tampoco son los adecuados. Una sola palabra sería ideal (perfecta para los titulares), pero no pido tanto: una construcción más elaborada, con dos, tres o cuatro palabras, también sería bienvenida.
Es triste pedir, pero más triste es robar.
Postdata: Sí, aquí abajo, en la prensa musical, aún nos entretenemos con estas menudencias. No es tan raro. Cuando quieres comunicarte con los lectores, debes intentar hacerlo con las palabras más adecuadas.
Diccionario de la lengua española © 2005 Espasa-Calpe:
INDEPENDIENTE
adj. Que no depende de otro, autónomo: estado independiente.
Que mantiene sus propias opiniones sin hacer caso de los demás: siempre ha sido muy independiente a la hora de decidir sobre su vida.
adj. y com. Que no pertenece a ningún partido o doctrina: se presentará como independiente en las próximas elecciones.
adv. m. Con independencia: llamaré independiente de que escriba.
la crisis de etiquetacón o que la ciencia no pueda clasificar al arte, me parece más que interesante, puede que tengamos que ir hacia menos juicio objetivo “esta música es buena porque lo digo yo” y más hacia opiniones y emociones de críticos solventes del tipo “hacía más de cien que conciertos que no me emocionaba tanto con una canción como la que interpretó XXXXX”
Música Postindependiente o Postalternativa, porque reconoce que se inserta en una tradición musical alejada de los patrones de las multinacionales –aquella que surge de las discográficas independientes de los años ochenta–. Con el “Smells” de Nirvana y la MTV el patrón cambia, y lo que era alternativo e independiente pasa a ser apto para comercializar en grandes cantidades. Pasa a ser mainstream. Y con la masificación de los festivales de música independiente y la proliferación de promociones por parte de empresas ajenas (cervezas, marcas de gafas, revistas de música, etc) todo esto se dispara. Pero la mayoría de estos grupos (entre ellos Animal Collective) siguen una línea de actuación similar a la planteada anterior por las escenas independientes…
Para mi la palabra es ‘discurso’. Es lo más certero en mi opinión para definir la realidad actual, en la que las barreras estilísticas están difuminadas, las jerárquias mainstream/indie, tal como tu dices, son intercambiables, y donde hay más voces y más distintas que nunca, gracias a que ya no son sólo las grandes discográficas las que tienen el poder de promocionar algo. Por tanto, las viejas categorías no sirven, y siempre que intento definir por qué alguien como PJ Harvey no es Madonna y viceversa, me viene a la cabeza la palabra ‘discurso’. De la misma forma que el discurso de un determinado político puede ser populista, de izquierdas, conservador, radical… el de un determinado músico también. Visto así, es evidente que Madonna es populista, y quizá PJ Harvey no esté hablando de otras cosas, más desde la resistencia, desde -quizá- un pensamiento más progresista… aunque todas estas comparaciones parezcan una gran simplificación, no encuentro mejor manera de explicarlo: el discurso de antaño eran los estilos musicales. Si eras rebelde, el rock, intelectual, la clásica o el jazz, ignorante, el mainstream, etc. Hoy, sin estos grandes discursos creados por grandes líderes de opinión, toda voz es -casi, tampoco seamos utópicos- igual de válida, y en el momento en que el ‘bipartidismo’ (comercial/indie) desaparece, nacen los pequeños grandes discursos individuales. Si, esto parece un alegato pro 15-M, quizá en realidad lo es, pues es un fenómeno muy similar. Es hoy. El discurso de hoy.