“Una de las características de la sociedad contemporánea es que la esfera económica y la esfera cultural se están solapando cada vez más y, casi diría, más peligrosamente. Yo, como podéis imaginar, no soy anti-mercado ni mucho menos, pero sí soy contrario a que el mercado ocupe espacios que no le corresponden”. Son declaraciones, en rueda de prensa, de Jordi Martí, delegado de cultura de un ayuntamiento, el de Barcelona, cuya fiesta mayor está patrocinada por una cervecera que se agencia al grupo más potente del BAM para su escenario y que lleva unos años recibiendo la presión de otra cervecera para abrir una sala de conciertos a su nombre.
Vale: invocar en 2010 a Neil Young te garantiza quedar como un carcamal. Vale: los tiempos cambian y discursos como el de “This Note’s For You” (aquella canción en la que el canadiense decía que él no cantaba para Pepsi ni para Coca-Cola porque su música y él parecerían un chiste) suenan hoy como arcaicas utopías. Nos acercamos a un mundo Logorama y el sector musical no es precisamente el que se está rebelando más ante esta tendencia. De hecho, los tiempos han cambiado incluso más en el sector de la música, así que, a falta de ingresos por la venta de discos, hay que abrir los brazos a cualquier inyección económica externa. O sea, que Marisa Monte no puede hacer una gira mundial tal y como le dicta su ambición artística si no pacta un acuerdo con una firma de cosmética.
El patrocinio y el mecenazgo no son prácticas modernas. Siempre han existido y siempre existirán. Ahora el dilema está en dónde poner los límites, cuando quien paga la fiesta va ganando terreno al artista campaña a campaña. Sin darnos cuenta se ha pasado del “PAUL SIMON, patrocinado por esa bebida” al “ESE COCHE te trae a Shakira”. Y el orden de los factores sí altera el producto. No sólo lo altera sino que incluso puede devaluarlo. El caso más flagrante es la inminente gira de MIA. La artista tamil abre su tercer disco con “The message”, inquietante denuncia sobre cómo google se ha erigido en depositario de infinitos datos sobre nuestras vidas que no sabemos dónde van a parar. Hay que suponer que la combativa MIA no ha tenido tiempo de entrar en google y documentarse sobre el tipo de empresa que costea su gira española y para el que sólo sus clientes pueden comprar entradas a mitad de precio si mandan “MIABCN” al 217213.
El orden de los factores ha variado tanto que las marcas anteponen su nombre al de los festivales, rebautizan salas de conciertos, organizan giras, se erigen en portales musicales y prohíben al promotor programar un grupo en salas que vendan cervezas de la competencia. Controlan a su antojo la industria del directo. Manejan a los grupos como recursos promocionales tanto en aquello que llamamos música comercial como en esto que aún tendemos a llamar escena alternativa. El ejemplo del mes es el pastón que pagaría una cervecera más a Franz Ferdinand para que actuasen ante 1.200 vips y elegidos en una nave junto al hotel más obsceno del litoral barcelonés. Un evento de lo más típico en estos tiempos, pero, bien mirado, el cuarteto cobró para que el 95% de sus fans se quedasen con las ganas de verlos. Y Kapranos, tan ilustrado para según qué, o no lo ve o se hace el tonto. Y si le preguntan soltará: “A mí nadie me explicó que esto iba así”.
Postdata: Días atrás, en el programa de humor “Especialistas secundarios”, un oyente llamaba para explicar su caso. Venía de una flashmob que había consistido en citarse en un polígono a las afueras de Palau de Plegamans. Allí, la gente, dispuesta en cadena, descargó cientos de cajas de un camión y las metía en una fábrica. La gente lo pasó de muerte y el organizador ya les invitaba a otra acción en una nave industrial de Mollet, pero el tipo ya empezaba a dudar si eso era una flashmob. ¡El muy necio sospechaba que había descargado un camión sin cobrar un duro! El gag da que pensar.
Algú ho havia de dir! Gràcies Nando… Més clar impossible (i els exemples de MIA o Franz Ferdinand com a culminació de l’aberrant estat de les coses…)
Totalmente de acuerdo. Estos putos artistas con tal de no buscarse un trabajo honrado son capaces de llenarse el bolsillo de cualquier forma. Habría que dejar de hacer música. Total, ya está el futbol e internet…
“El hotel más obsceno del litoral barcelonés”… Ai…, però si l’Hotel Vela mola, home! Què hi tens en contra? “Oh, que ha vulnerat la llei de costes”. Fals: és un terreny de l’autoritat portuària, que, com totes, està exempta de la llei de costes, i és natural. I s’ha fet guanyant terreny al mar! “¡Nos ha robado el horizonte”. Va, home, va…