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La casa (de la música) que vull 35

Este texto está escrito tratando de dar cuenta de una conversación entre Matias Kauppi, Juan de los Heros, Raúl Verdejo, y Pablo P. Becerra a partir de la invitación de Nando Cruz a escribir sobre una posible Casa de la Música de la que no tenemos mucha información.

«Toma tu barco y huye, hombre feliz, a vela desplegada, de cualquier forma de cultura*».

Imaginar una casa así, con mayúscula, lo primero que nos provoca es vértigo. Los grandes proyectos institucionales tienden a acantilarnos la visión. Podemos presuponer que el proyecto iría cargado de buenas intenciones pero de sobras sabemos que éstas no bastan para que un equipamiento funcione ¿A quién puede no gustar la idea de una Casa de La Música? Pero, ¿será de todas las personas y de todas las músicas? Ahí empieza la letra pequeña y nos vamos del vértigo al mareo.

Nos parece que se pueden distinguir varios niveles de encaje en términos de contexto o territorio. En primer lugar La Casa de la Música se ubicaría en un lugar con una carga enorme en la historia del Paral·lel: antes de la BARTS fue en inicio el Circo Español Modelo (1892), luego el Cafè Teatre Espanyol, también el Studio 54. El espacio albergó el primer teatro del Paralelo, el primer lugar en apostar por esta zona de la ciudad como alternativa de ocio a las Ramblas; una alternativa popular y obrera. Por otra parte, ese nuevo centro se ubicaría en un entramado de espacios culturales concretos tales como el Centre Cultural Albareda, especializado en la música, el Xamfrà o el Taller de Músics. Por último, la Casa se situará, como el futuro y vecino Teatre Arnau, en un cruce de barrios: Poble-sec, Raval y Sant Antoni. Esta idea del Paral·lel como encuentro y no como separación ha sido uno de los aciertos del proceso que ha ido desarrollando el proyecto de l’Arnau Itinerant. Éste es quizá el más complicado de los tres encajes mencionados: apelar “al contexto” o “al tejido” es algo delicado.

Participamos del entramado de pequeños eventos que se desarrollan sin disponer de mayores estructuras, ni de “una casa solariega y blasonada”, como decía León Felipe. Hay lugares que acogen con entusiasmo esas y otras propuestas donde tienen cabida la improvisación, la reunión festiva horizontal y abierta, y propician la cercanía sin necesidad de grandes recursos. Si se les apela, es porque los voluntariosos y precarios espacios y plataformas culturales que se han tejido en los barrios de forma autogestionada, vienen siendo capaces de generar actividades de interés y resuenan con la vivacidad que a veces “lo oficial” atenúa.

Y esto nos destapa una pregunta: ¿cuántas veces, desde la buena intención, no se precariza a “las comunidades” con los ritmos de la administración y la política? Proyectos, reuniones, incluso mal llamadas asambleas, que acaban copadas por aquellos que se dedican de forma más o menos profesionalizada a la cultura o por quienes se sienten más cómodos acatando esos ritmos. Un circuito -sobre el papel, abierto- que concluye en trámites de ventanilla e inercias clientelares a las que no ha sido ajeno tampoco el gobierno municipal de la última legislatura y media.

Entendemos los fenómenos culturales desde la participación en espacios para compartir no únicamente un presunto producto, sino asistiendo e interviniendo de forma crítica, para que se desarrollen nuevos acontecimientos desde el hecho de urdir experiencias e inquietudes de forma horizontal. No apelar a comunidades, sino crear comunidades. O, como dicen las amigas del Laboratorio Reversible, no representar, sino estar presentes.

Desde nuestra experiencia consideramos que la cercanía y la espontaneidad que se dan cuando no existe la distancia provocada por “el espectáculo”, entendido como producto cultural empaquetado, es fundamental para que se desarrolle una verdadera participación. ¿Significa esto acaso que desde las administraciones no pueden crearse relaciones sinérgicas con el tejido? Por supuesto que se puede. Habría más ejemplos pero, por poner uno ajeno a la música ¿Por qué surgió una plataforma para defender el cierre del Centro de Arte José Guerrero de Granada**?

Quizá hay cosas que, simple y llanamente, no pueden ser auspiciadas “desde arriba” o quizá ser institución es saber ubicarse también ahí, en una continuidad que pueda ser sinérgica con las cosas pequeñas, en no cooptarlas, no desactivarlas sino cuidarlas. Formar parte de la trama, no ser castillo. Si se levanta esta casa, ojalá tenga muchas puertas y ventanas y que corra el aire.

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Este texto está escrito tratando de dar cuenta de una conversación entre Matias Kauppi, Juan de los Heros, Raúl Verdejo, y Pablo P. Becerra a partir de la invitación de Nando Cruz a escribir sobre una posible Casa de la Música de la que no tenemos mucha información. Nos cruzamos por diferentes espacios culturales (no necesariamente atravesados por todos) situados la mayoría de ellos en el Poble-sec: NOOK, La Motivaíta. Plataforma de afición flamenca, El Solar de la Puri, El Dorado SFB…


1 (Esta cita de Epicuro, que utiliza Gustavo Bueno en su obra “El mito de la cultura”, salió en la conversación al destaparse una ronda de cervezas a modo de brindis).

2 Collados, A. (ed.) (2014). ​ Por el Centro Guerrero (2009-2011). Política cultural, crisis institucional y compromiso ciudadano. Granada: TRN-Laboratorio artístico transfronterizo.

 


Il·lustració de Xavier Alamany pel número 41 de Nativa en paper (cliqueu la imatge).


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