La Murga, la cooperativa desenvolupada a partir d’Indigestió, estava a punt de constituir-se abans del confinament pel COVID19. La reclusió ens impedeix anar al notari, però no començar a actuar. Des del lloc on volem fer-ho -pensant la cultura com quelcom comú-, i tenint en compte alguns debats culturals que hi ha hagut a xarxes i en alguns mitjans els darrers dies, tenim ganes d’intercanviar impressions entre nosaltres i amb més gent, i explorar el lloc on es poden trobar cultura, treball i renda bàsica universal. Ho volem fer revisant coses que ja s’han dit i ara semblen prendre nova rellevància, ho volem fer per necessitat pròpia, i ho volem fer amb ganes d’actuar.
El proper dissabte 4 d’abril proposarem un vermut virtual per intercanviar idees, però, fins llavors, recollirem i compartirem alguns textos del passat que ens sembla que poden ajudar a la conversa. Aquí va la tercera parella de textos, sel·leccionats per Andrea Soto Calderón i Rubén Martínez.
“Los precarios no pueden ser ni unificados ni representados, sus intereses son dispares, las formas clásicas de organización corporativista no funcionan. La miríada de precarios está dispersa en las relaciones de producción y entre distintos modos de producción que absorben y engendran subjetividades, despliegan su explotación económica y multiplican las identidades y los lugares de trabajo. Lo precario y disperso no es solo el trabajo, sino también la vida. Los precarios, en toda su disparidad, están tendencialmente aislados e individualizados, porque andan a la búsqueda de trabajos temporales, saltan de un proyecto a otro y con frecuencia abandonan los sistemas colectivos de protección social. Faltan grupos de presión y formas de representación para los diferentes precarios.
Sin embargo, esto no ha de entenderse en absoluto solo como carencia, sino que ofrece la oportunidad de inventar, a partir de condiciones precarias de vida y de trabajo, formas nuevas y adecuadas de acción política. En movimientos como el MayDay no se intentaba tanto representar un sujeto colectivo de los precarios como poner a prueba prácticas no representativas. A este respecto, los movimientos de los precarios son precursores tanto de las ocupaciones de universidades de los años 2008 y 2009, como sobre todo de los actuales movimientos de ocupación de las plazas y su insistencia en la democracia más allá de la representación. Paolo Virno escribe: «Es típico de la multitud postfordista fomentar el colapso de la representación política; no como gesto anarquista, sino como búsqueda realista de nuevas formas políticas».
En los movimientos MayDay los distintos significados del término «precario» estuvieron vinculados a las experiencias de los individuos y a las prácticas políticas. En su definición de la precarización, la Red Frassanito perfila su ambivalencia terminológica, sobre todo en el contexto de las migraciones, de la siguiente manera: «Así, pues, la precarización simboliza un terreno en disputa: un terreno en el que el intento de empezar un nuevo ciclo de explotación se topa además con deseos y comportamientos subjetivos que expresan el rechazo del viejo régimen del trabajo que se conoce como fordista y la búsqueda de una vida distinta y mejor y, nos atreveríamos a decir, más flexible».13 En la precarización convergen en nuevos modos de subjetivación un grado máximo de explotación y una «liberación» de las relaciones de explotación tradicionales vinculadas al aparato productivo del fordismo”.
Isabell Lorey, Estado de inseguridad. Gobernar la precariedad, Madrid, Traficantes de Sueños, (2012) 2016, pp. 24-25
“(…) nos encontramos que en el campo de la construcción autónoma de contrapoderes sociales, afrontamos un doble dilema. El primero, que la realidad social avanza en su caracterización más precaria y el segundo que tanto las apuestas movimientistas, en fase de impasse desde el inmediato post15M, como la promesa de articulación de un movimiento popular a través del atajo partidista e institucional, están sin rumbo y a la deriva.
Todo ello abre una nueva oportunidad de pensar formas de organización que recuperen los principios básicos de autonomía y contrapoder, pero para ello se requiere pensar nuevos dispositivos de sindicalismo social que actúen sobre las bases materiales de una crisis que, tomando un símil de la naturaleza, ha dejado de aparecerse como un incendio a campo abierto y ha pasado a ser una suerte de bosque de turba en constante combustión subterránea.
Los ejemplos de la PAH y esperemos que del sindicato de inquilinos invitan a pensar en una alianza que obligue a las tendencias de base del 15M y de todos aquellos actores posteriores a que bajen al barro de las precariedades y de la crisis que no cesa. Es ahí donde los centros sociales deben servir de espacios de cruce y agregación, de red de solidaridad y apoyo mutuo capaz de relanzar alianzas sociales de lucha contra las precariedades, la pobreza y la exclusión. Es ahí donde se debe construir también la Europa popular y partisana que cierre las puertas al neofascismo creciente y también debe ser el lugar donde la política vuelva a encontrase con formas organizativas que se sacudan el estrecho marco del hecho institucional y reabran ciclos destituyentes que empujen al conjunto de las herramientas políticas que apuestan por una revolución democrática, incluidas las propuestas de participación institucional, a llegar cada día más lejos.
En esa coyuntura el papel de los centros sociales como espacios de agregación y de cruce entre diversas experiencias es fundamental. A modo de laboratorio donde las prácticas políticas que se produzcan en la ciudad encuentren un espacio de trabajo y desarrollo que permitan impulsar estas iniciativas y arraigarlas en el territorio a la vez que se mezclan y encuentran con otros procesos que ayuden innovar en torno a estos espacios de organización.
Pablo Carmona (2017) “Entre el sindicalismo precario y los centros sociales” Revista Viento Sur nº 152, pp. 69-70. Disponible en: https://institutodm.org/espacios-contrapoder-sindicalismo-precario-los-centros-sociales
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