La Murga, la cooperativa desenvolupada a partir d’Indigestió, estava a punt de constituir-se abans del confinament pel COVID19. La reclusió ens impedeix anar al notari, però no començar a actuar. Des del lloc on volem fer-ho -pensant la cultura com quelcom comú-, i tenint en compte alguns debats culturals que hi ha hagut a xarxes i en alguns mitjans els darrers dies, tenim ganes d’intercanviar impressions entre nosaltres i amb més gent, i explorar el lloc on es poden trobar cultura, treball i renda bàsica universal. Ho volem fer revisant coses que ja s’han dit i ara semblen prendre nova rellevància, ho volem fer per necessitat pròpia, i ho volem fer amb ganes d’actuar.
El proper dissabte 4 d’abril proposarem un vermut virtual per intercanviar idees, però, fins llavors, recollirem i compartirem alguns textos del passat que ens sembla que poden ajudar a la conversa. Aquí va la quarta parella de textos, sel·leccionats per Andrea Soto Calderón i Rubén Martínez.
“El trabajo es una actividad productiva basada en el modelo del trabajo asalariado. Si le preguntas a la gente en qué trabaja, asumen que te refieres a su trabajo remunerado. A lo largo de la historia ha habido luchas sobre qué debería ser considerado trabajo. Estoy pensando en la lucha feminista para que el trabajo doméstico se reconozca como trabajo real, aunque no esté pagado […]
Es interesante que haya dos líneas de crítica dominante a la renta básica garantizada: una es ‘¡La gente necesita trabajar! Somos trabajadores’, si les quitas el trabajo les estarías privando de algo esencialmente humano. Por el otro lado, está el miedo de que ‘¡Nadie trabajará nunca más!’, que supone reconocer que la única razón por la que uno trabaja es porque hay un incentivo monetario, que la necesidad es lo único que empuja a la gente a trabajar. Resulta gracioso que convivan estas dos críticas, completamente divergentes, y ninguna de las dos lo suficientemente persuasiva. No creo que el trabajo sea ni el todo ni la esencia de lo que significa ser humano. Podemos entender otras maneras de estar en el mundo y relacionarnos con otros y con el medioambiente, más allá de lo laboral. Pero seguramente, incluso disfrutando de una renta básica garantizada y suficiente, la gente querrá, además, un trabajo remunerado. […]
Creo que hay miedo a perder lo que significa ser humano –lo que ofrece un percepción de cómo nos ha construido como humanos la cultura– o a que derive en una descomposición social masiva, traducida en forma de disturbios, por ejemplo. Imaginamos una suerte de indisciplina de masas porque pensamos en el trabajo como la única herramienta que nos puede tener controlados, o imaginamos a gente completamente pasiva, incapaz de levantarse de la cama. Creo que hay un miedo real a estas dos situaciones.
Kathi Weeks, “El trabajo no es la esencia de lo que significa ser humano”, entrevista realizada por Álvaro Guzmán Bastida, 19 abril 2016.
Texto completo en: https://ctxt.es/es/20160413/Politica/5394/Kathi-Weeks-Feminismo-Trabajo-Reivindicaciones-utopicas-Autonimistas-italianos-trabajo-remunerado-renta-basica.htm
“Asumimos, por inevitable, bajar la persiana, dejar de trabajar, de buscar trabajo, de hacer chambas, de recibir salarios, ¿pero toleramos no tener derecho a ninguna ayuda? Hay también hoy una gran retórica de relegitimación del Estado. Pero esta crisis sanitaria –que es también de cuidados– está siendo salvada fundamentalmente por las personas que se cuidan mutuamente y a los suyos. ¿Hay un reconocimiento de esta situación por parte el Estado? Más bien se sigue ignorando en los discursos públicos, se militariza las relaciones sociales –en la calle tienes que justificar a un policía si quieres ir a atender a una amiga–. Ahora todo va de número de enfermeros, camas y doctores. Expertos que saben lo que tenemos que hacer y control de nuestras relaciones. Pero es nuestro comunismo de la vida el que sigue haciendo funcionar el mundo. Queremos un reconocimiento en dinero –en facilidad para seguir funcionando– porque cuando todo se pone jodido seguimos charlando, limpiando y alimentando a los nuestros con amor y no dejamos que se nos mueran entre las manos. Porque sin eso no hay sistema institucional de salud ni Estado del bienestar.
Hoy, se percibe ese rumor, que es casi clamor por un reconocimiento de todos esos trabajos invisibles. Un reconocimiento en forma de Renta Básica de Cuarentena. Hay todo tipo de ayudas a las empresas que quizás sean necesarias para mantener los puestos de trabajo –¿también las de aquellas que tienen beneficios millonarios?–. Es tiempo también de ayudar a todos los que se han quedado fuera del sueño fordista –que aquí ni siquiera sabemos si existió o si todas las partes de este contrato son deseables–: trabajo estable, casa en propiedad, la mujer encargándose de la casa, los niños y personas dependientes. Ese mundo revienta hoy por las costuras de las realidades materiales del trabajo precario, el altísimo paro estructural, los alquileres inciertos por las nubes, las mujeres que no queremos y no podemos quedarnos a cuidar. La pandemia hace eso más cristalino. La renta de cuarentena vendría a obturar la emergencia social y se podría hacer de manera urgente, por lo menos unos meses, por mucho menos de lo que cuesta todo el paquete de ayudas que está implementado. Después de la pandemia, seguiremos hablando, quizás se demuestre como la mejor manera de sostener la vida en su nuevo marco de inestabilidad que es la nueva normalidad.
Esta crisis ha sido un golpe inesperado y supone un enorme experimento. ¿Vendrán más? No sabemos. “Todos estos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia”. Pero quizás estemos a tiempo para dar un paso más hacia un nuevo mundo donde las crisis ya nunca más las paguemos los de abajo, donde todos tengamos garantizado un mínimo para vivir en condiciones. Queremos seguir vivas, pero no de cualquier manera. La pandemia nos deja un aprendizaje: queremos renta –y repartir el trabajo– para poder atender a los nuestros en condiciones.
Nuria Alabao (2020) “Si quedarse en casa es incondicional, la renta básica también” Revista CTXT.
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