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Madres Viejas

Escrit el 12/09/2019 per Elena Fraj a la categoria Lo repartido luce más.
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Este verano una amiga me comentaba que tenía ganas de salir a bailar coincidiendo con la celebración de las fiestas del barrio. Las calles habían sido tomadas por la música y por jovenzanas, esas mozas protagonistas de la nueva hornada de movimientos y revoluciones, tan brillantes y listas ellas.

Mi amiga me hablaba también de cómo esa imagen de juventud y revolución le devolvía la suya propia, la de un conjunto de carnes colganderas coronadas por su pelo canoso. Una imagen innegable de una madre cuarentona invisible especialmente a la hora de ligar tanto en círculos heteros como no heteros. Todas estas auto observaciones las hacíamos entre risas, las dos venga jajajaja. Y nos dijimos, sí, somos madres viejas y aquí estamos, ¿qué pasa?. Somos las Madres Viejas que bailan con los brazos en alto para que bailen también esas carnes de la parte inferior del brazo, llamémosles bíceps inversos.

A través de este fenómeno que es la crianza tardía te conviertes en madre y vieja al mismo tiempo, dos valores top.

A ser Madre Vieja hoy se llega por muchos motivos. Porque pares tarde pues hasta la fecha no te estaba saliendo lo de preñarte; porque no tenías ni dinero ni un trabajo decente; porque no había manera de encontrar pareja que no quisiera ser tu hijo sino simplemente pareja (esos que oyen campanas de hijos pero lo entienden mal y te tratan como si fueras su madre). O porque algún novio desgraciao te ha estado torturando y tú, atrapada en su chantaje, intentabas arreglar la relación pero resulta que no eras su novia sino, como dice Amy Farrah Fowler en la serie Big Bang Theory, eras su “vertedero emocional”. No querías hijos porque simplemente estabas haciendo cosas que te molaban; porque no querías de ninguna manera y un día cambiaste de opinión; porque esta ciudad te parecía una selva para criar y al final te abriste paso a la fuerza, qué remedio, dónde me voy a ir yo. Por lo que sea una se encuentra en torno a los cuarenta con muchas amigas, vecinas y conocidas con al menos un cachorro pegado como si fuera otra extensión del cuerpo o como el mismo cuerpo, pequeños cíborgs de material ajeno a veces, otras resultado de la misma carne multiplicada.

A través de este fenómeno que es la crianza tardía te conviertes en madre y vieja al mismo tiempo, dos valores top. Las Madres Viejas apenas salen de casa fuera del horario infantil y cuando lo hacen se quedan clavadas en la barra del bar porque están agotadas y les pegan la chapa a todo aquella persona que le quiera escuchar. Después se irán a casa pensando menudo desparrame, qué fiestón, corre a ver si se ha despertado y está liándola parda porque no está la mamá, borracha que es la mamá. Pero si te has tomado tres cervezas y te has puesto piripi, flipada, que Gracita Morales era una ravera a tu lado.

Las Madres Viejas sueñan con leerse todos esos textos que dicen que están súper bien, lecturas clave para el pensamiento decolonial, posthumanista o lo que sea que toque

Las Madres Viejas sueñan con leerse todos esos textos que dicen que están súper bien, lecturas clave para el pensamiento decolonial, posthumanista o lo que sea que toque. Sin embargo te sabes en la prehistoria de la construcción de un marco crítico contemporáneo necesario para entender e intervenir sobre lo que está sucediendo. Corres a las redes sociales, las lees en diagonal porque no te da la cabeza ni el tiempo para nada más a ver si pillas algo. La amiga de los brazos colganderos dice que si te lees el prólogo de los libros adecuados ya con eso haces y puedes entablar conversación si acaso te llegas a encontrar en alguna situación de sociabilidad.

Las Madres Viejas se imaginan que van a esa charla del CCCB que hace meses te la has anotado en la agenda, esta no me la pierdo, voy sí o sí. Pero, como siempre, está programada a las siete de la tarde y tú a esa hora estás saliendo del parque y la energía que te queda es para arrastrarte a casa y repartirte las tareas con tu pareja (si la tienes): hacer la cena al crío, que se la coma, limpiar los restos que ha tirado aleatoriamente por el escaso cubículo, preparar las cosas de la guarde, fregar platos, destender la ropa, hacer cena de adultos… Conforme se acerca la noche el cansancio se convierte en malhumor y el posthumanismo se convierte en me suda el coño muy mucho y solo quieres que se duerma ese amor de tu vida, por favor, ya. Y apartar el montón de ropa limpia del sofá para hacer hueco y tirarte a ver capítulos repetidos de Big Bang Theory. Es ese momento en que se pone el sol, precioso atardecer, la ciudad se apaga y tu cerebro también y no puedes ni coger una llamada de teléfono. Qué destrucción. Y en esa destrucción es donde encuentras la calma. La manera de llegar al sosiego es recorriendo el camino que abre el cuerpo inevitablemente arrasado.

De hecho, de las escasísimas veces que he llegado a ir unas jornadas me echaron porque el niño molestaba

Sofá, tele y móvil. Abres las redes sociales y lees los comentarios sobre la charla a la que no has ido. Ah, pues ha debido de estar bien, me veré la grabación del video mañana. Mentira, no lo harás te lo digo yo. Cae en un agujero negro que tienes en la cabeza, en la parte de atrás, donde se precipitan todas las conferencias, mesas redondas y talleres, libros, películas y documentales. A la siguiente charla tampoco vas a ir y así pasan meses y años y los espacios de sociabilidad culturales y activistas quedan lejos. Desaparecen, desapareces y, no nos engañemos, también en la cultura y en los entornos activistas hay que dejarse ver para estar, para formar parte de aquello. También son lugares con su capital simbólico y su asunto de los personajes (no solo los hay en la política representativa). Si tienes una vida corriente, de esas de currar, poner lavadoras, limpiar los platos continuamente porque es flipante lo rápido que se llena la fregadera, cocinar, pasar horas en el parque y dar vuelta por tu madre a ver cómo va, te digo que es complicadillo estar en la ola. Todos aquellos eventos que suceden a partir de las seis de la tarde son ajenos para lxs que criamos. Tampoco ayuda que esos eventos no siempre dispongan de espacios para peques. De hecho, de las escasísimas veces que he llegado a ir unas jornadas me echaron porque el niño molestaba. Y era un espacio feminista. Ejem.

Que de acuerdo que haya eventos kids friendly pero a ver para cuándo espacios madres viejas friendly, copón bendito, que no os enteráis. O si no Madres Viejas moveremos al unísono los bíceps inversos hasta generar un viento huracanado sobre vuestras cabezas.

 


12 Respostes

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  1. Rosa Mota says

    Brutal ?

  2. Ines says

    Me he sentido súper identificada y eso que llevo sólo 13meses de madrevieja, nos desdibujamos de lo publico y de lo político….y por desgracia los espacios feministas también siguen estando alejados de la crianza.

  3. Pilar says

    Clavado. Ahora me entiendo algo!!!!!

  4. vivi says

    que preciosidad y cuanta verdad!!!
    yo tengo gemelos, e 5 anhos, os dejo imaginar!!!

  5. Montse says

    Me ha encantado leerlo. Gracias!

  6. Myriam Perea says

    Magnífico! Divertido porque es certero.

  7. Monica says

    Uff como la verdad te hace daño!!! Superrrr

  8. Bianca says

    Propongo que nos juntemos!

  9. Lola says

    Totalment identificada,9anys de cansament i es casa vida social. Moltes gràcies.

  10. Baikal says

    Como la vida misma… Me reído a morir, me encantó! Justo me lo pasó una compañera porque me “quejaba” de mis colgajos en los brazos. Me he sentido identificada en todo!

  11. Conxa says

    Totalment d’acord, fa 26 anys ja em varem classificar com “madre añosa” i que?…graci2es

  12. Fab says

    Me has dejado sin palabras, porque me las has arrancado una por una para decir lo que a mí se me enreda en la lengua, en los dedos



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