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Jules Verne, el plan Kalergi y el fin de la “raza” blanca

Escrit el 19/05/2019 per Daniele Porretta a la categoria Utopías y distopías.
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Las teorías de la sustitución de la raza blanca se han puesto de moda en toda Europa, pero repasando la literatura de hace un siglo nos podemos dar cuenta que esos temores no son exclusivos de nuestros tiempos. Frente a los miedos (re)suscitados por las crisis migratorias de los años recientes, la ciencia ficción nos recuerda que los enemigos de la sociedad occidental fueron muchos más, prácticamente todos los que no se pudieron incluir bajo la etiqueta de “nosotros”.

En la última década se ha puesto de moda, entre algunos ambientes nacionalistas y de la extrema derecha europeos, una supuesta teoría de Richard Coudenhove-Kalergi, autor en los años 20 de un manifiesto en favor de la constitución de una confederación de países europeos. Según las tesis conspirativas surgidas alrededor del pensamiento de este político austriaco, resumidas bajo el nombre de Plan Kalergi, se estaría ejecutando un proyecto de genocidio de la “raza” blanca mediante la inmigración masiva de personas provenientes de países extraeuropeos. El objetivo final sería la creación de una única raza inferior, producto de esta mezcla, al servicio de una élite al poder.

Sobre el proyecto de “sustitución étnica” hay una gran cantidad de información que circula en la red y una nutrida bibliografía que alerta del peligro representado por una verdadera invasión, impulsada por oscuros intereses económicos y ayudada gracias a la labor de algunas ONGs. En los escritos y en las declaraciones de la extrema derecha hay nombres que aparecen a menudo, como el del millonario de 86 años de origen húngaro George Soros, protagonista de una serie de teorías conspirativas que lo verían detrás de la caravana hondureña que se dirigía a Estados Unidos y de la llegada masiva de inmigrantes en Europa.

Sobre el proyecto de “sustitución étnica” hay una gran cantidad de información que circula en la red y una nutrida bibliografía que alerta del peligro representado por una verdadera invasión

Sin lugar a dudas, la inmigración es uno de los grandes temas de la contemporaneidad, tanto desde el punto de vista político como por su impacto en la cultura popular. La ciencia ficción siempre se ha alimentado de miedos sociales tanto que, como explica el demógrafo Andreu Domingo, detrás del éxito reciente de este género literario y cinematográfico estaría su capacidad de representar a través de un escenario distópico la actual división de la humanidad: los resilientes, los supervivientes que intentan salir adelante adaptándose al nuevo escenario neoliberal, y los redundantes, los refugiados, las masas sin empleo, la humanidad excedente, los zombis.

Los antecedentes literarios de las hordas y de las invasiones extranjeras se pueden encontrar en las últimas décadas del siglo XIX, cuando se publicó una larga serie de novelas que explotaban las inquietudes – en muchos casos paranoias – de las clases medias a las cuales este producto era destinado. Como ejemplo de las crecientes tensiones entre las potencias imperialistas surgió el género literario de las Future Wars, las guerras futuras, donde los ejércitos nacionales se hacían añicos utilizando las nuevas armas que la moderna tecnología había puesto a su disposición. Así, al lado de los tradicionales héroes con mosquete, aparecieron los ingenieros, los químicos, y los farmacéuticos cuyos conocimientos habrían sido decisivos para el éxito de los conflictos futuros. Pero al temor hacia una invasión de un ejercito extranjero se sumó un miedo igualmente aterrador, el del inmigrante.

“El gobernador de California” in: The Last Days of the Republic (1880) de Pierton Dooner

Aunque en nuestra época la emergencia ligada a la inmigración se relacionaría con un supuesto proceso de islamización de Europa, habría que recordar que este temor fue precedido por otros filones que experimentaron mucho èxito y que ahora parecen haber sido olvidados, como por ejemplo el del peligro amarillo. El miedo a los orientales, causado por su incremento demográfico y por la inmigración de trabajadores sobre todo en EEUU, nos regaló supervillanos como el diabólico Fu Manchú, personaje de Sax Rohmer dotado “de toda la astucia cruel de la raza oriental pero concentrada en una única inteligencia gigantesca, con todos los recursos de la ciencia antigua y actual”.

También en la obra de Jules Verne aparecen retratos negativos de los chinos. En su novela Los quinientos millones de la Begum (1879) el científico francés Sarrasin decidía invertir sus recursos en la construcción de la mejor ciudad del mundo, France-Ville, una utopía científica e higienista que habría servido de modelo para mejorar las ciudades del mundo entero. Encargados de la construcción de esta meravilla serían los coolies chinos bajo la dirección de ingenieros europeos. Esos trabajadores construirían la ciudad, pero cobrarían su salario solamente al final de la obra, bajo la condición de no regresar: “Precaución indispensable para desembarazarse de una población amarilla que no hubiera dejado de modificar, de forma indeseable, el tipo y el genio de la nueva ciudad”.

Diría que esta idea de Verne de aprovecharse de los inmigrantes como trabajadores pero sin incluirlos en la sociedad que ellos mismos están colaborando a construir, sigue siendo de actualidad.

Diría que esta idea de Verne de aprovecharse de los inmigrantes como trabajadores pero sin incluirlos en la sociedad que ellos mismos están colaborando a construir, sigue siendo de actualidad. Al fin y al cabo el temor detrás de estas obras era que unos extranjeros se hicieran algún día con el poder y sustituyeran a la mayoría blanca.

En la novela The Last Days of the Republic (1880) de Pierton Dooner, los chinos una vez adquirido el derecho de voto empiezan una guerra civil que ganan fácilmente gracias a su superioridad numérica, y acaban retratados tomando el té en Washington a la sombra de un porche típicamente americano.

“La guerra de las razas” in: The Last Days of the Republic (1880) de Pierton Dooner.

Si os interesa una historia de la literatura que trate esta histeria racista, algunos testimonios aparecen en Historia de los bombardeos de Sven Lindqvist y en Ecology of Fear de Mike Davis, en un capitulo dedicado a la destrucción de Los Ángeles. Si repasamos los argumentos de esos relatos nos daremos cuenta que, en cuanto a paranoias raciales, la época victoriana fue seguramente de horizontes más amplios que la nuestra: prácticamente cualquiera que no se pudiera incluir bajo la etiqueta de “nosotros” representaba una amenaza. Así nos encontramos con españoles que bombardean New York con globos aerostáticos en The End of New York (1881) de B. Park, rebeliones de irlandeses que causan la muerte de toda la civilización americana en The Last American (1889) de J.A.Mitchell, sangrientas revoluciones llevadas a cabo por italianos y conspiraciones de la minoría afroamericana para exterminar a la raza blanca.

En la mayoría de estas teorías conspirativas y en sus versiones literarias hay una fantasía aterradora recurrente: la de ser remplazados. El extranjero encargado de sustituir a una ciudadanía inconsciente del peligro varía en el tiempo y puede ser cualquiera: italiano, irlandés y chino. En los años 50 la Guerra Fría enriqueció el género aportando nuevos enemigos. El extranjero invasor, en este caso el soviético-comunista, asumió las apariencias de un extraterrestre que clonaba unos ingenuos ciudadanos norteamericanos en Invasion of the Body Snatchers (1956).

Que haya tantos intentos de sustituir a los habitantes del mundo occidental acaba por ser poco realista. Y no hablo de que la existencia de razas sea hoy discutible desde el punto de vista biológico, habiendo la ciencia rechazado las concepciones racistas del principio del siglo XX, ni tampoco que esta idea del grupo que conspira en la sombra (judíos, masones, multimillonarios, sectas) sea posible. Lo que más chirría de este razonamiento es que, si alguien nos tuviera que sustituir en un futuro próximo, es poco probable que sea humano. Todos los indicios apuntan que, tarde o temprano, la gran mayoría seremos prescindibles desde el punto de vista productivo, militar y creativo. Nuestro trabajo podría ser ejecutado por máquinas y nuestras decisiones tomadas por algoritmos. Siendo realistas, el dilema que se planteará en el futuro será entonces qué hacer con la que Yuval Noah Harari ha llamado la “clase inútil”, una nueva clase “no trabajadora “ a la que, independientemente de cuestiones de género, nación o etnia es probable que pertenecerá la mayoría de la población mundial.


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