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Me he inventado una verdad

Escrit el 16/01/2019 per Andrea Soto Calderón a la categoria Pura superficie.
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Francisco Navarrete Sitja, “El agua es al cuerpo, el cuerpo es al alga, el alga es al trayecto (…)”. 2018. Instalación. Dibujos, diagramas, video animación, paisajes sonoros, cartografías, objetos y otros. Medidas variables. Cortesía del artista. https://www.francisconavarretesitja.com/

Hace unos meses en medio de un torbellino vital, recibía una invitación de Marta Vallejo para conversar con Ali Al-Adawy en el contexto de la Mostra de Cinema Àrab i Mediterrani de Catalunya, compartir algunas impresiones en torno a La ciutat, el conflicte i la mirada en el Mediterrani en el Ateneu La Base, una discusión en torno a las contradicciones que se producen en las representaciones de ciudades tan icónicas como es el caso de Barcelona y Alejandría.

¿Cómo retratar la ciudad sin imponerse a ella? ¿Cómo regular las distancias? ¿Cómo intentar que nuestras imágenes no sean absortas por los medios oficiales que producen narrativas de una ciudad que parece vacía? ¿Cómo acercarse a esas operaciones no asimilables, que supone un conflicto que no se resuelve?

Que el encuentro aconteciera y no fuese solo juntar cuerpos, se sostenía en la intuición de Marta de ciertas vibraciones comunes. Los días previos me compartió algunas películas de Youssef Chahine, algunos escritos de Ali, un texto de Samil Schielke, Where is Alexandria? y uno suyo, a partir de una experiencia que habían hecho en Alejandría en donde hacían una exploración sensitiva de la ciudad, creando nuevas formas de un espacio que creían conocer.

El texto de Schielke parte planteando la cuestión de que es posible que los lectores occidentales conozcan Alejandría a partir de las obras de los griegos y británicos u otros escritores europeos que vivían en la ciudad: que la nostalgia occidental por lo cosmopolita es eurocentrista, un anhelo por una época colonial que no cesa de reproducir una imagen romantizada del pasado y que sigue oscureciendo el presente. Cómo yuxtaponer entonces un mito diferente, que abra las verdades de Alejandría a partir de los borrados de su pasado y los conflictos sobre dónde y qué tipo de ciudad es. Un ‘es’ sismográfico que se pregunta más bien por qué tipos de mitos de la ciudad están siendo elaborados, cuestionados o revisados.

Estructuras dramáticas que puedan ser contadas de diferentes maneras.

Este encuentro, estas reflexiones, esta mesa compartida se iban dando en diversos tiempos sobrepuestos. Me hacía pensar en la insistencia recurrente de los discursos de resistencia de que toda acción emancipatoria tiene que pasar por la toma de la palabra, cuando los procesos emancipatorios no son nunca sólo una cuestión de la articulación de un discurso o de los modos en que se toma la palabra, sino de disposiciones de cuerpos; articulaciones entre lo pensable, lo decible, lo visible, lo audible.

En este sentido, el trabajo de la producción de imágenes, la recuperación de sonidos y de ruidos es siempre un trabajo en/sobre un ‘entre’. Es componer otra forma de poder, relacionar lo que no tiene relación, ejerciendo en común la potencia que se comparte. Hay que hacer relatos, hay que hacer imágenes, hay que hacer ruidos, pero sobre todo, hay que creer en ellos, hacer como si fuesen verdaderos.

¿Qué capacidad se abre con las imágenes y con la exploración de nuestro sonido social? La capacidad de alterar aquellos repartos de la luz que asignan unos lugares de exclusión, anonimato o estereotipo a unas determinadas formas de vida y que ponen brillo sobre otras. Desde luego, no se trata de igualdad de condiciones ante el objetivo, ni tampoco de una igualdad de condiciones de quién y cómo captura una imagen. Diríamos, se trata más bien de un intento por salir de aquel círculo según el cual el que está detrás del aparato domina activamente la toma; el que está delante recibe pasivamente esa toma.

Cómo fijar puntos de luz –y, por tanto, también de sombras– en los nacimientos sumergidos en el anonimato. Tal vez, las imágenes que creamos, esos procesos de documentación espontánea, esa escritura de la luz, sea hoy la posibilidad de una luz común. Por supuesto, no es común más que conflictivamente, pero abre una capacidad para decir una situación, para ficcionarla; aquella ínfima y decisiva modificación en la apariencia.

Trabajar como artesanos de la imaginación de los mitos populares. No como mitos fundantes, ni metafísicos, sino desde la magia que todas portamos.

Olivia, mi espumita de mar, que con sus 3 años desborda en potencia imaginante, un cuerpo tan pequeño que no sabe soportar el peso de sus sueños, nos decía el otro día “me he inventado una verdad”, conmoción que no es otra que la de la potencia política de la ficción, la necesidad urgente de desatar otros mitos, de creer en las verdades que nos inventamos. Activaba el vestigio: “no tengo fuerzas para rendirme” [https://elpressentiment.net/no-39].

Es un imperativo creer en la fuerza de los hilos que tejemos, hacer espacios con estas complicidades donde se abra la magia y se desaten otros mitos, otras creencias que construyan su escena de aparición!

“No importa cuán lento seas”


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