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Es la primera vez que me siento en todo el día

Escrit el 02/04/2015 per Elena Fraj a la categoria ARTICLES.
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Relat originalment publicat al fanzine de Vaga de Totes

Manu llega a casa al final del día cansadx de currar. Se siente como si llevara toda la contaminación de la ciudad pegada a la piel. Tiene un curro que le ocupa mil horas pero cobra bien y al fin y al cabo tiene un curro, que mucha gente está ahora en el paro, no se puede quejar. El sueldo le da hasta para pagar una vez por semana a Eli, una empleada de hogar colombiana que le mantiene la casa limpia.

Hoy Manu ha comido un menú por ahí que le ha dejado el estómago del revés, pasa de cenar. Sofá y tele. El salón se inunda de promesas en forma de anuncios de colchones que te cuidan la espalda, electrodomésticos que trabajan por ti, ofertas de escapadas de fin de semana en hoteles fantásticos con spa incluido y yogures naturales para estar mejor. Un yogur, eso cenará. En la nevera hay dos tipos de yogures, unos ecológicos desnatados y otros estilo griego. Ay, cuál cojo. Elige uno griego, que parece que tiene como más sabor. Manu se reconcilia con su vida gracias a un yogur que te cuida por dentro y por fuera ahora más suave y cremoso que nunca, cremoso porque en realidad le han puesto más grasaca que nunca. Se lo mete en la boca y sí, es suave, pero a saber qué llevará. Se lo come porque se lo merece, joder, que para eso ha tenido un día de mierda. Si no me cuido yo, quién me va a cuidar? Dice en voz alta. Y es que Manu habla continuamente haya más personas alrededor o no. En este caso no las hay pues vive solx.

Y sigue: oye, te has fijado en el anuncio de los electrodomésticos? salen unos señores muy amables que son como un cruce entre operarios y criados que van evitando pequeños problemas cotidianos a una mujer. Hacen todo por ti, tú no tienes que hacer nada, pero la cosa es que ella no los ve porque son invisibles. Están pero sin estar, son como tus esclavos pero en fino porque son hombres blancos, maduros, de clase media y con ropa buena. Que incluso te los follarías, vaya. Pero como no los ves, pues no puedes. En ese mundo no hay que poner lavadoras, ni fregar, ni cocinar: lo hacen todo ellos. Como ya no tienes que ocuparte de asuntos cotidianos te puedes dedicar a mirar el mar de forma romántica y retrotraerte en tus recuerdos mientras te acaricia la brisa marina y te envuelves con un fular que acaricia tu piel. La piel, en esta ocasión, está suave. Y un poco salada, por lo del mar.

Marisa, que vive en el mismo bloque, se deja caer en el sofá. Es la primera vez que me siento en todo el día, masculla. También se queda mirando el anuncio de los electrodomésticos. En seguida vuelve a la realidad, concretamente la realidad de tener un hijo adolescente a quien le falta sofá para tanta pierna. Menuda leonera tienes en tu cuarto! Es que tú te crees que las cosas se hacen solas? Contenta me tienes… anda, voy a ponerle la cena a la abuela. La abuela se queja de la cena, otra vez acelgas. Le jode mil que la hija se ocupe ahora de llevar la casa y de decidir por ella porque ya es vieja y no rige bien. Ay, os creéis que ser vieja es fácil y no. Le suelta frases desagradables continuamente, la somete a pequeñas torturas de baja intensidad. Solo es respetuosa cuando a la mañana siguiente viene Eli, la misma empleada que va a casa de Manu, para ducharle, cortarle las uñas y ponerle crema en el cuerpo que, para la edad que tiene vaya finura de piel, le suele decir. Y la abuela se sonríe y aprieta el morrete a la vez, orgullosa.

Eli y Marisa se toman siempre un cafelito. Marisa lo prepara y para cuando ha terminado con la abuela se sientan en la mesa de la cocina y se lo toman. Le suele contar sus problemas. Marisa la escucha atenta y le da su opinión cuando Eli se lo pide. Otras veces se echan unas risas y se les pasa así un buen ratico. Y de ese modo se reconcilian con el mundo un poco. Pero, cuando más tarde Marisa sale de casa y en la esquina de su calle se encuentra con una amiga, le agarra fuerte del antebrazo, se le acerca al oído y le confiesa muy bajito: es que no puedo con mi madre, no la soporto más. La amiga la mira con los ojos muy abiertos. No sabe qué decir.

Mientras tanto Eli ha terminado la jornada y se va a hacer algunas compras. No es que el sueldo le de para mucho porque les envía a sus hijos cada mes todo lo que puede, pero tiene casi todas las bragas rotas y tampoco es plan. Entra en una tienda de esas que son una cadena de ropa íntima para mujeres. Elige un pack de bragas de oferta en color negro. Están en lycra y en algodón. En lycra parecen un poco más elegantes. Duda. Le pregunta a la dependienta. ¿Cuáles me llevo? La dependienta le dice rápidamente, algodón, se cogen menos infecciones que con las de lycra y para la piel de los labios es mejor pues es muy sensible y se irrita fácilmente. La lycra, aunque de tacto agradable, no va bien para la piel de los labios del coño: tócate los ovarios, nunca lo habría imaginado. De repente se abre un espacio de confianza entre Eli y la dependienta. Más íntimo que compartir información sobre coños hay pocas cosas.

Pagando en caja la dependienta le ofrece la tarjeta de la tienda. No, da igual. Sí, mujer, que tendrás descuentos. Bueno, dale. Para la elaboración de la tarjeta le pide el nombre, los apellidos, el DNI. No tengo. Pues el de la tarjeta de residencia, bien. La calle, el número, el piso, el código postal, el mail y el número de teléfono. Eli acaba de darle sus datos más personales a una empresa que sabe que Eli preferirá, a partir de ahora, bragas de algodón.

Cuando sale de la tienda ya es casi de noche, justo en el mismo momento en el que Manu está llegando a casa cansadx de currar. Se siente como si llevara toda la contaminación de la ciudad pegada a la piel. Tiene un curro que le ocupa mil horas pero cobra bien y al fin y al cabo tiene un curro, que mucha gente está ahora en el paro, no se puede quejar. El sueldo le da hasta para pagar una vez por semana a Eli, una empleada de hogar…

(Este texto está lleno de reminiscencias y sobre todo de frases e historias robadas a lxs que me rodean: madrecarrasca, mi hermano @eleptric, quien a su vez le roba frases a su madre, mis bros, Pepe Rovira y me dejo, seguro, a muchxs otrxs.)


2 Respostes

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  1. Pepe Rovira says

    Desgarradoramente bello, dan ganas de llorar y revelarse.
    Gracias Elena.

  2. elena says

    A tí, majérrimo. Un abrazo.



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