La primera vez que supe de Octavi fue a través de un catálogo sobre una exposición de arte en la Sala Montcada de Barcelona. Se trataba de una instalación con esculturas de madera, asépticas. Algunas sin rastro de factura humana, otras de estética más artesanal. También, un cuadro bastante grande con fondo verde oscuro y unas lineas blancas repartidas por el lienzo. Algo que podía remitir a una pizarra escolar. O así creo recordarlo.
Tengo una imagen muy borrosa de aquella exposición. Ya digo que no la vi en directo, solo a través de las imágenes del catálogo. La exposición creo que era de principios de los 90 y me topé con ese catálogo como unos 4 o 5 años después. Lo encontré hundido entre papeles y vídeos, en un cuartucho de la Facultad de Bellas Artes que con ironía llamábamos “la biblioteca”.
‘Normal’ fue el título que Octavi Comerón puso a aquella exposición. La verdad es que no entendí nada. Maderas con una forma parecida a la de un remo, estanterías con pastillas de jabón, una mesa con bolas blancas encima, aquél cuadro…la escena completa no me decía nada en particular. Me parecía algo anodino, frío, raro, una estética sin agarraderas en mi cabeza. Y el caso es que me atrapó. Me gustaba mucho ese título. Me parecía muy misterioso que aquello fuera considerado normal. También me hacia gracia que un artista contemporáneo calificara a su trabajo como algo dentro de la norma. No sé, el primer recuerdo que tengo de Octavi es el de una artista que había titulado ‘Normal’ a una exposición que a mi me resultaba incomprensible y sin especiales atributos. Sin entenderlo demasiado y sin una mirada muy profunda, me interesó esa inmediata contradicción entre la extrañeza y la normalidad. Y ahí me quedé, atrapado en esa idea, que muy a menudo vuelve.
Al año de toparme con el catálogo, conocí a la persona. Primero fue mi profesor, luego compañero de trabajo y al tiempo fuimos amigos. Poco a poco, entre café y café, Octavi me hizo saber que le interesaba cómo se construyen “la normalidad” y “la naturaleza”. ¿Qué es lo normal? ¿por qué ese proceso social se considera natural y ese otro no?. Entender el poder. Entender cómo se normaliza y cómo se despliega el poder. A Octavi también le interesaba obsesivamente las relaciones entre arte y trabajo. ¿El arte es un trabajo?. ¿Qué significa trabajar como artista?. Si también trabajo fuera del horario laboral, ¿qué es no trabajar?. Supongo que en aquella exposición de la Sala Montcada se empezaba a entrever su interés por el oficio, por la producción de objetos que no sabes si tienen o no tienen carga estética, que no sabes si son o no son normales. Ahora que caigo, y mira que tuve tiempo, nunca le pregunté por aquella exposición.
Sobre esta cosa del trabajo y su relación con el arte, una de las obras de Octavi que más me gustaron fue una que hizo con una cámara fotográfica manufacturada. Se llamaba ‘Disturbing Exposure’. El proceso para hacer las fotografías constaba de diversos pasos. Tal y como Octavi explicaba en uno de sus escritos, la cosa funcionaba de manera rutinaria. Primero, solicitaba permiso para realizar una fotografía en un espacio de trabajo durante el horario laboral. Después, informaba a los trabajadores que iba a retratar que debían permanecer en una posición estática durante el tiempo de exposición. De acuerdo con el fotómetro, el tiempo para una exposición correcta con la cámara utilizada era de un minuto o minuto y medio. Finalmente, la fotografía se realizaba excediendo tres veces el tiempo necesario. El resultado era que un exceso de luz invadía los retratos de grupo de los trabajadores. El exceso de tiempo de trabajo perdido producía la sobreexposición a la luz. El tiempo de trabajo no productivo era el motivo estético.
Sobre la relación entre poder y naturaleza, había una frase de Ronald Reagan que Octavi usaba de manera recurrente. Decía Reagan que «en una atmósfera de libertad, artistas y patrocinadores son libres para pensar lo impensable y crear audazmente; son libres para hacer tanto errores horrendos como gloriosas celebraciones». Una atmósfera de libertad. Una metáfora naturalista para ofrecer la idea de una libertad trascendente, de un sujeto no-dependiente que ejerce voluntariamente su libertad. Una atmósfera no intervenida por patógenos externos; que funciona y es estable porque funciona bajo “reglas naturales”. Octavi tenía algunos recogidos sobre este tipo de metáforas biológicas, figuras retóricas que muestran qué está en juego cuando se describen algunos fenómenos políticos como si fueran fenómenos naturales. En un texto titulado ‘Tiene que parecer lo más natural del mundo’, Octavi escribía:
«(…) un sistema financiero infectado por activos “tóxicos”, inyecciones monetarias interpretadas como “transfusiones de sangre a un cuerpo todavía sangrante” (así describía Kenneth Rogoff, profesor de economía en Harvard y ex-miembro del FMI, las acciones de la administración Obama del 2009), repetidas alertas sobre la gravedad de la “enfermedad” lanzadas por Jean-Claude Trichet (presidente del Banco Central Europeo), referencias al metabolismo de los mercados y apelaciones a su sistema inmunológico, entidades bancarias enfrentándose a “pruebas de estrés”, cuadros de contagio, adicción y convalecencia»
Hace poco más de un año tuve mi última conversación con Octavi. Nunca había fallecido un amigo y la verdad que lo he vivido de forma bastante extraña. Reconozco que no recibí un choque emocional muy fuerte al saberlo. En ese momento, no entendía qué significaba exactamente perder a un amigo. Hubo momentos en los que ni siquiera entendía mi reacción. Me fui dando cuenta de una cosa obvia, y es que no hay entreno para la muerte de un ser querido. No hay vivencia que se parezca lo más mínimo a eso. Pasado un año, se me acumulan los momentos en los que le he ido recordando. ¿Qué pensaría de esto Octavi?. Seguro que a Octavi esto le habría gustado. Buah, ¡imagínate si llega a estar aquí Octavi y escucha eso!. Joder, lo de Octavi, nunca me hago a la idea.
Notar la verdadera ausencia de una persona es sinónimo de empeñarte en darle presencia en tu día a día. Supongo que es lo habitual. Hay un punto de inflexión cuando sabes que esa persona ya no está, pero lo rotundo no es saberlo, sino practicar la ausencia.
Octavi era una persona de preguntas y matices. De dudas. Lo que más echo en falta son las dudas de Octavi. En tiempos de tantas aseveraciones y opiniones rotundas, la agudeza para preguntar bien y hacerte dudar que tenía Octavi es algo que echo muchísimo de menos. Octavi hacía y decía cosas que preguntaban bien. Preguntar bien no es cualquier cosa. Dudar bien permite pensar mejor. Esa era su idiosincrasia.
Supongo que compartir dudas con alguien sobre tus convicciones más rotundas es lo que convierte a ese alguien en un buen amigo. Mostrarnos vulnerables lo reservamos para las buenas amistades. ¿Qué pensaría de esto Octavi?
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