Skip to content


La gestión mata, regresemos a Walden

Escrit el 30/01/2014 per Clara Garí a la categoria ARTICLES, Intervencions al Fòrum.
Tags:

“Estamos atrapados en una subcultura de mandarines que se aleja de las auténticas culturas del mundo a la velocidad de la luz. La buena noticia es que estamos a punto para un gran cambio. ¡Saltemos por la ventana y regresemos a los bosques!.”

Hace ya un par de meses nos encontramos en el Fòrum Indigestió para discutir modelos de gestión cultural. Con un poco de distancia y reflexionando sobre lo que se dijo, creo que quizá nos convenga dar un paso atrás, si queremos saltar definitivamente a otra dimensión que nos lleve a un lugar totalmente distinto. Como nos recuerda la metáfora utópica del Walden de Thoreau, hay momentos en que es necesario recuperar lo esencial para salir de las trampas que nosotros mismos nos hemos tendido.

El problema que tenemos probablemente no sea tanto con los modelos de gestión sino que parece que hemos olvidado con qué objetivos operan. El cómo se está comiendo al qué: los modelos de gestión se están planteando por delante de las políticas o mejor dicho, en lugar de ellas. Y ese sí que es un problema grave.

La política cultural puede incentivar, manipular o contribuir a la liberalización de la cultura, facilitar el acceso a los ciudadanos, preservar las culturas minoritarias y muchas otras cosas. Pero no puede crear cultura y tampoco puede destruirla. Articularla, por otra parte, no significa “organizar actividades”. Como nos recuerda Marina Garcés “una política cultural verdadera debe hoy poner en cuestión la idea misma que tenemos de la cultura y sus formas de representación. En concreto se trata de proponer una idea de la cultura que vaya, más allá de la tiranía de la visibilidad, de la trampa de la actividad y de la idea misma de cultura como algo a defender o a preservar” (1)

El verdadero reto del mundo contemporáneo y de las instituciones que administran nuestro dinero no es dar a la cultura acceso a los mercados ni repartir oportunidades a los creadores para que produzcan y a las audiencias para que consuman sino encontrar la manera de compartir la riqueza cultural que generamos.

En un contexto así cada vez hay más lugar para los grandes proyectos culturales cuya estructura emula la de las iniciativas de las empresas y corporaciones internacionales

Cuando la política cultural elude la intervención, pretende ser neutra y se concentra exclusivamente en programas de actividad y evaluación, la gestión se vuelve técnica, burocrática, y atiende de manera prioritaria al cumplimiento de formularios y formalismos, no a la verdadera eficacia de soporte a la cultura. Los protocolos que se establecen con la supuesta intención de garantizar la eficacia, la equidad y la transparencia acaban, en su complejidad, por ocultar la realidad mientras se autoreplican como virus. En un contexto así cada vez hay más lugar para los grandes proyectos culturales cuya estructura emula la de las iniciativas de las empresas y corporaciones internacionales. Y cada vez menos espacio para los pequeños proyectos emergentes, para las minorías culturales, para la investigación y para aquella cultura libre de la “tiranía de la visibilidad” que apuntaba Marina Garcés.

Esa es la gestión cultural que mata: la que ha alcanzado el lugar de la política de la cultura. Desde la política cultural entendida como gestión la cultura no se financia ni se programa por razones comunitarias, sociales o políticas sino por toda clase de criterios exteriores. Entre ellos, algunos son recurrentes: por ejemplo el de la supuesta independencia del arte, una idea romántica, heredera del espíritu de l’art pour l’art. O la criba de proyectos culturales en función de su potencial para la creación de riqueza y empleo. Es posible crear riqueza y ocupación con la cultura, cierto, pero no con los esquemas empresariales del entertainment internacional adaptados y relocalizados a menor escala. En este sentido, algunos gestores culturales se embelesan con las estadísticas, los instrumentos de evaluación, las estrategias de elocuencia y persuasión y otros juguetes del mundo del management, indudablemente eficaces en algunos casos, en otros estúpidamente engorrosos y obstaculizadores, y no pocas veces impregnados de la vanidosa inocencia de los manuales de autoayuda.

No es facil salir de este laberinto sin romper los muros de sus galerías. Ni es adecuado romperlos, porque en ellos hemos dibujado, escrito e inscrito buena parte de nuestras creaciones, de nuestra cultura y de nuestra historia: este laberinto es nuestro, es nuestra casa, nuestro barco. No basta con culpar a los mandarines ni es posible arrasar con todo: con mucha paciencia tenemos que encontrar la salida.

No tengo soluciones, ¡ojalá las tuviera! Sin embargo, tres aspectos parecen obvios para empezar a reparar lo que no funciona:

En primer lugar, establecer bases, crear los criterios, y hacerlo sin miedo y desde las bases comunitarias: dar soporte a la cultura que existe en vez de inventar qué cultura debe existir

En primer lugar, establecer bases, crear los criterios, y hacerlo sin miedo y desde las bases comunitarias: dar soporte a la cultura que existe en vez de inventar qué cultura debe existir. Liberarnos definitivamente de ese residuo de espíritu ilustrado que durante doscientos años ha confiado a los instruídos la tarea de proveer cultura para el pueblo. Poner también en su lugar -ni más ni menos- los objetivos de rentabilidad económica de los productos culturales. Establecer valores no significa hacer planes estratégicos, al contrario, son las estrategias las que se supeditan a los valores. Y los valores no deben venir de arriba sino consensuarse en la planta baja. Por lo tanto necesitamos romper prejuicios, experimentar, permitir que otros experimenten y aprender de nuestros errores.

En este momento comunidades de creadores, redes, grupos de voluntarios, comunidades digitales están ya trabajando en esa línea, definiendo objetivos y poniéndolos en práctica de manera muy simple. En ellos no hay distancia entre creadores, inventores, trabajadores, y las individualidades son menos importantes que el trabajo común. ¿Por qué las administraciones los ignoran? ¿por qué no crear grupos de trabajo que incluyan esas comunidades espontáneas? ¿por qué no dar soporte a tales prácticas y consensuar el soporte a la cultura? la descentralización de la cultura no puede imponerse, porque ya existe. Pero si puede visibilizarse y empoderarse con recursos materiales y comunicación.

En los últimos diez años se han creado redes culturales que por fin, después de muchos intentos fallidos, empiezan a dar pruebas solidez y consistencia: Xarxaprod, la red de centros de producción y creación de Catalunya, las plataformas de danza contemporánea, teatro y circo, la asociación de gestores culturales de Catalunya, las nuevas microeditoriales catalanas, los movimientos contra los recortes en cultura. No son solamente plataformas de protesta, estamos haciendo propuestas eficaces y estamos encontrando caminos de consenso que respetan las diferencias de cada centro y que defienden también las minorías culturales. Tenemos claro el respecto a la diversidad y la importancia decisiva de la investigación creativa.

En segundo lugar, revisar a los protocolos que impiden el cumplimiento de los objetivos, por muy europeos, homogeneizadores o profesionales que puedan parecer. Los códigos de gestión cultural son más complejos que los códigos de barras, por lo menos de momento (toquemos madera!). Si no funcionan, hay que reescribirlos, y para ello a todos, pero principalmente a nuestras administraciones, les convendrá callar, escuchar, y dado que han perdido el hilo de la conversación con todos sus interlocutores, recuperar el diálogo y volver a ganar su confianza.

Ese es el ruido que nos dificulta desarrollar y compartir la cultura, no la cultura que nos pertenece, sino aquella a la cual pertenecemos.

Y para acabar, tampoco nosotros, gestores culturales, nos podemos resignar a convertirnos en meros instrumentos técnicos de la máquina burocrática. Y en este sentido, los que no nos formamos en las escuelas de management cultural, sino en las humanidades, en el pensamiento y en la calle, tenemos un papel importante que jugar. Lo que entendemos ahora por gestión cultural es una versión muy reducida de lo que podríamos llegar a hacer a través de una mediación cultural original, auténtica. En este momento nos faltan instrumentos de comunicación comunitaria y nos sobran formularios. Pero si buscamos caminos fuera del sistema tenemos que inventar las herramientas del futuro.

La cultura la produce un mundo: una determinada manera de vivir en común es lo que genera símbolos, actos rituales, sonidos, imágenes.  Pertenecemos a ella y la necesitamos como el aire que respiramos. Es mucho más que una mercancía, mucho más que un instrumento de gobernanza o de homogeneización territorial y eso lo sabemos todos de sobras. Entonces ¿por qué estamos perdiendo tanto tiempo con los protocolos?. Tenemos que trabajar para que esa gran riqueza que producimos todos fluya hasta el último rincón de nuestras vidas y eso significa comprometernos y exigir a nuestros órganos de representación un compromiso con la cultura mucho más radical: lo más importante no es “organizar actividades” ni ferias, ni festivales. Estamos en un momento difícil pero el cambio es inminente. Antes de volver al trabajo dejemos, por lo menos nosotros, de hacer ruido, ese ruido que impide la comunicación social horizontal, que es espontánea. Ese es el ruido que nos dificulta desarrollar y compartir la cultura, no la cultura que nos pertenece, sino aquella a la cual pertenecemos.

“A llarg termini els homes només encerten allà on apunten. Per això, encara que a curt termini hagin de fallar, seria millor que apuntessin a un lloc alt” (2)

________________________

(1) Marina Garcés. Un mundo común  ed Bellaterra 2012 p 82

(2) Henry David Thoreau, Walden o la vida als boscos Símbol ed. p 45


4 Respostes

Si vols pots seguir els comentaris per RSS.

  1. Amos says

    La gestión cultural pasa por el criterio político de los gestores. Se pueden cambiar mecanismos de gestión para mejorar la eficiencia, pero incluso éstos se modelan para responder a los intereses del ámbito cultural específico o con una idea ideológica de fondo.

    Estas premisas están tan íntimamente interiorizadas, tanto, que no procuran la atención de muchos de los que participan en áreas culturales (gestores, artistas, público en general…). Es entonces cuando aparecen contradicciones que sorprenden al más simple de los mortales, incluso contradicciones a uno mismo y que desacreditan todo cuanto es “tocado” por estos discursos erróneos.

    Y mientras intentamos estar en paz con nosotros mismos y resolver nuestras contradicciones, por otro lado y con distracciones chabacanas, se nos van robando poco a poco los dineros. Seremos gilipollas!

  2. Josep M. Palà says

    Quan l’art es repensa esdevé compromís. “Nulla estética sine ética?” L’art no deixa de ser una manera de intentar fer més agradable el pas de l’home per aquest món.És a dir una manifestació desinteressada del millor humanisme, del humanisme més autèntic.
    Combrego plenament amb l’esperit del teu escrit.

  3. Pruden Panadès says

    “…Si és necessari deixem enrere un pont del riu, fem una volta més llarga i llancem un arc, almenys,per damunt del golf obscur de la ignorància que ens envolta.”
    Tal com diu Henry David Thoreau ( també en el llibre que cites) potser estem començant la a fer la volta més llarga, a peu i al costat de molts, mirant de desxifrar el golf obscur.
    Com sempre, celebro i comparteixo les teves idees!

Continuant la discussió

  1. Em dius gestió comunitària i jo penso en aquestes coses | Nativa linked to this post on 21/02/2014

    […] de la cultura), el Jaron Rowan (sobre l’obsolescència del model), i la Clara Garí (sobre la contradicció entre els la lògica de la gestió i la de la creació), als articles […]



Pots escriure HTML senzill

Trackback?



Últims comentaris

  • Abc: Interessant reflexió. ¡ Mira por dónde!
  • iiioxoiii: La imatge pels éssers humans és forma de reconeixement més important. Crec que el problema actual prové de...
  • Guillem: A la presidenta de la Fundació Macba, Ainhoa Grandes, que demana que es freni el “desnonament”...
  • Teresa Sanz Coll: Reflexió i posicionament importants per la cultura i la ciutat. Cal implicar-nos

Autors

Arxius

Què és Nativa.cat?

Nativa és una publicació musical editada per Indigestió (abans en paper, ara només a internet), dedicada a la cultura musical de la ciutat de Barcelona. Parlem de música des de la proximitat, des del coneixement immediat dels músics i les seves produccions, del públic i les seves reaccions, i no tant des de la cultura mediàtica global.

Què és Indigestió?

Indigestió és una organització professional, i no-lucrativa, creada el 1995, que treballa, des de Barcelona, per promoure la cultura musical, des de la perspectiva del ciutadà. El nostre eix principal no és la promoció dels artistes o el negoci musical, sinó l’aprofundiment en les relacions entre la societat i els artistes. Ah, i també tenim una medalla del FAD!

Contacte

Mail to info(a)indigestio.com

Política de privacitat

Donen suport

fesnos_indies
fesnos_indies
mininativa és una publicació d'mininativa subjecta a una llicència Creative Commons ( BY NC ND )