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Thatcher y el neoliberalismo cultural

Escrit el 08/04/2013 per Isidro López a la categoria Ho deixo anar.
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El verdadero logro del Thatcherismo fue cultural. La característica central del asalto neoliberal que se inicia a finales de los años setenta en los países capitalistas centrales consiste en que, mediante la conquista del poder del Estado y el uso de métodos financieros de acumulación, la riqueza social se va centralizando en los mercados financieros y, simultáneamente, el poder de decisión se concentra en el capital-dinero, las finanzas.

El logro de Thatcher, sin embargo, fue elaborar un programa cultural capaz de convertir este programa político y económico en algo parecido a la hegemonía de clase. Cosa que no deja de tener mérito teniendo en cuenta que el sentido último de esta redistribución hacia arriba es profundamente contrario a los intereses de una mayoría de la población. Está claro que no sólo se utilizaron estrategias culturales, Thatcher utilizó la expansión de los mecanismos financieros, el crédito, hacia las clases medias, y, muy en concreto, las fracciones más cualificadas de la clase obrera, para compensar el descenso de los salarios y reforzar las brechas culturales desde los parámetros políticos que planteaba La City, el centro financiero de Londres que, en última instancia, fue el verdadero gobierno de la contrarrevolución neocon tatcheriana. También se recuerda con frecuencia, aunque en esto se le adelantó Franco en algunas décadas, como utilizó el parque de vivienda pública como una maquina de producir propietarios de vivienda que, desde ahí, accedieron a las rentas financieras derivadas del patrimonio y desarrollaron intereses vinculados al crecimiento de los precios de la vivienda y los títulos financieros.

También por ser un ataque cultural, el tatcherismo recibió una de las contestaciones culturales más memorables que se recuerdan

Pero hay que insistir en que el triunfo, la verdadera originalidad de Thatcher, fue fundamentalmente cultural. En una entrevista en la que hablaba sobre la fe protestante, Margaret Thatcher llegaba a decir que la pobreza en los países desarrollados se manifiesta como una “incapacidad para la previsión y el ahorro” que tiene su origen en un “grave defecto de la personalidad”. Por supuesto, a nadie debe escapársele que el propósito último de este tipo de discurso es romper cualquier modelo de solidaridad social que redunde en mecanismos de redistribución de la riqueza en unos mínimos términos de justicia social. Esta declaración de Thatcher es buena representante del momento álgido de la ofensiva cultural del neoliberalismo atlántico. Un neoliberalismo doctrinario y triunfante que se extiende por el cuerpo social conquistando espacios políticos nuevos mediante el esquema de las “dos naciones”: Una “nación” laboriosa, honrada y buena que recibe su justo premio en forma de integración cultural y renta salarial. Y otra de vagos, adocenados y parásitos que recibe su justo merecido en forma de pobreza y exclusión.

También por ser un ataque cultural, el tatcherismo recibió una de las contestaciones culturales más memorables que se recuerdan en la Europa de las últimas décadas, cientos de canciones, películas y libros se opusieron vehementemente a las políticas de Thatcher. El enorme caudal creativo de la cultura juvenil británica proviene, y algo retiene todavía, de una mezcla única de doscientos años de instituciones culturales de clase obrera, de la revuelta sesentayochista de la New Left, de la descomunal aportación de las colonias y de la seguridad material de uno de los sistemas de protección pública más potente de toda la Europa de posguerra. El thatcherismo significaba un ataque abierto a todos estos pilares de la cultura juvenil y así lo entendieron muchísimos grupos de música, escritores o cineastas. Pero, una vez más, Thatcher mediante el uso del discurso de las “dos naciones” supo trazar las líneas de división entre unos y otros y contener en sus espacios sociales estas expresiones de rechazo político confinándolas a lugares como las periferias obreras del Norte y Escocia o las inner cities multiculturales de Londres y Manchester.

hoy, en plena ofensiva de ataque neoliberal, nadie puede sostener un discurso cultural tan ambicioso como el de las “dos naciones”

Quizás lo importante aquí es darse cuenta de que en Europa hoy, en plena ofensiva de ataque neoliberal, nadie puede sostener un discurso cultural tan ambicioso como el de las “dos naciones”. Tenemos todo un entramado institucional europeo capaz de desarrollar materialmente las grandes líneas del programa económico neoliberal pero todos los gobiernos del continente lo desarrollan bajo el paraguas de la “necesidad” de la lógica de Estado. Es decir, estamos en un momento político de fuerza institucional pero de fragilidad cultural y política creciente del neoliberalismo. Hoy el neoliberalismo continúa con su programa económico, sobretodo desde el poder que ha sabido fabricar para sus instituciones transnacionales, pero se enfrenta a una oposición popular mayoritaria en todo el continente que impide que el programa cultural thatcheriano salga adelante. Por poner un ejemplo, frente a los desahucios Rajoy dice “Ya estamos tomando medidas. Nos preocupan mucho los desahucios, etc.” mientras que Thatcher diría “Los desahuciados se lo merecen y no hay ningún motivo por el que nadie deba hacer nada por ellos”. Hay un abismo entre una posición y otra, y ese abismo no responde más que a la fuerza ideológica, cultural, que tiene el neoliberalismo en un momento y en otro.

De hecho, en España, en concreto, salvo en el caso de las “tensiones” nacionalistas, el gobierno del PP está también parapetado tras la lógica del Estado y del supraestado transnacional europeo en lugar de desarrollando una ofensiva cultural. A diferencia con otros contextos, fundamentalmente los del neoliberalismo atlántico, nunca se ha llegado a desarrollar un bloque discursivo de la radicalidad “anti-pobres” o “anti-perdedores” que manejaba Margaret Thatcher. Podemos pensar que la herencia cristiana pone obstáculos, como la limosna, al ataque frontal a los pobres o quizá que las representaciones sociales en torno a la protección social o los servicios público que han tendido siempre a verlas como “escasos” antes que como “excesivos”. Esperanza Aguirre fue quien más se acercó a este modelo de ofensiva política pero nunca franqueó ciertas líneas. No porque no le hubiera gustado franquearlas sino porque simplemente nunca pudo contar, ni fabricar, un medio político los suficientemente favorable a este tipo de ataque. Desde luego, esto nos sitúa en una situación ventajosa a la hora de desarrollar luchas en torno a la propiedad de la riqueza social. Eso si, teniendo en cuenta que la ofensiva cultural thatcheriana, en tanto que terreno desconocido, puede ser una vía de salida para los atolladeros del neoliberalismo “institucional”.


15 Respostes

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  1. Erich Mielke says

    Gran artículo

    Un saludo desde Andalucía

    Gracias y seguid así!

  2. Marina says

    Interesantísimo artículo, que además me ha dejado intrigada…
    No sé si es que hay algo que me pierdo, o algo que el análisis deja abierto, sin resolver. La cuestión es: ¿de qué son síntoma, de qué son indicio, esas líneas que el neoliberalismo cultural, sólo excepcionalmente (Tatcher, Aguirre…) se ha atrevido a franquear? En el texto parecen vislumbrarse tres hipótesis, quizá interrelacionadas. Por lo que entiendo, estas líneas en las que se visibiliza la fragilidad ideológica del neoliberalismo serían:

    1) los restos incombustibles de la tradición cristiano-ilustrada, que frenaría el todo es posible de la desregulación neoliberal y sus consecuencias;
    2) el indicio de la ficción del propio neoliberalismo, que muy a pesar suyo necesita pensarse y construir su poder desde una cierta estatalidad
    y/o 3) las señales inequívocas del contrapoder de lo social…

    Isidro, a ver si nos das alguna pista más (y disculpa si soy yo quien se ha perdido leyendo, que también podría ser)
    un abrazo y gracias

    • Isidro says

      Hola Marina,

      No has leído mal. La duda que planteas es un punto que he querido dejar intencionalmente abierto. Desde luego, de lo que estoy convencido y era el punto central de este artículo es de que este tipo de representaciones neoliberales ha perdido fuelle y capacidad de movilización social en las tres décadas que han pasado desde que la Thatcher tomó el poder. Dicho esto, creo que no hay una explicación de conjunto para todo el ámbito europeo de porque las líneas de fuerza que marcó Thatcher no han tenido continuidad en otros contextos políticos y sociales. En general, fuera de las tradiciones liberales anglosajonas (Holanda sería una excepción), donde los argumentos cercanos al homo economicus llevan doscientos años de circulación, las representaciones más radicales del individualismo han tenido problemas para salir adelante. Las visiones conservadoras continentales han tendido mucho más al uso de entidades simbólicas aglutinantes como la nación, la iglesia o las visiones corporativas del trabajo que a la apertura de la guerra abierta contra los pobres. Las visiones doctrinarias neoliberales han tenido que competir con estas otras provinientes de las tradiciones conservadoras clásicas. Otra cuestión, materialmente decisiva, es que esta apuesta se ha jugado contra los intereses económicos mayoritarios, en ciertos momentos y a corto plazo lo ha logrado, pero en el medio plazo ha dependido para su éxito de ser capaz de generar ciclos económicos, financieros más bien, que pudieran crear una cierta impresión de bienestar y una proyección de futuro viable para las clases medias. Las muchas dificultades que ha tenido el gobierno neoliberal europeo para sacar estos ciclos adelante y su posterior derrumbe tras 2007 han reorganizado radicalmente las representaciones sociales en toda Europa planteandose en terminos muc cercanos a una reagrupación de intereses parecida al conflicto de clases, los de abajo contra los de arriba, siendo los de arriba también las estructuras políticas nacionales y transnacionales. Pero, ya digo que creo, que este punto requeriría una investigación mucho más profunda.

      Como también la necesitaría el caso Español, y por eso he dejado sólo apuntadas algunas posibles causas de por que España ha sido especialmente resistente a este tipo de representaciones. Otra causa, que no he puesto en el artículo pero creo que es importante, es que nuestra cultura nacional post-78 (El tatcherismo también es una cultura nacional) la CT es una ideología de consenso social donde los vectores de conflicto que organizan la reproducción del sistema, los conflictos aceptables, son de corte territorial, en concreto las tensiones nacionalistas. No es de extrañar que el nacimiento de los neocon españoles (como bien explica el libro Spanish Ñeocon del Observatorio Metropolitano) haya estado tan relacionado con la cuestión nacional (y de estilos de vida) pero nunca hayan podido sacar adelante un programa de estigmatización social.

      En fín, ya digo que son apuntes, y que esto requeriría más investigación. Ya digo que este artículo lo escribí despues de escuchar a Owen Jones, autor del gran libro Chavs y muy buen conocedor del thatcherismo, decir que la herencia de Thatcher estaba más viva que nunca. Y eso, en mi opinión, no es cierto.

  3. Elisenda says

    Para juzgar a Margaret Thatcher, juzguemos también el país que se encontró cuando subió al poder para entender por qué hizo lo que hizo: https://queaprendemoshoy.com/margaret-thatcher-en-contexto-mito-y-realidad-de-su-politica-economica-1-de-2/

    • montserrat moliner says

      Interesante articulo, Elisenda..he estado visitando la web… veo que recoge información del Diario el Mundo, The Economist….etc… Que desde mi óptica llevan años manipulando la información. En la época de Tatcher tenía amigos viviendo en la Gran Bretaña, fui testigo directo del cambio radical que supuso, y por muy mal que nos quieran hacer creer que estaba el país, no hay excusa para la política de Margaret Tatcher, ella juzgaba a la ligera las vidas de las personas. Aguirre, Cospedal, que deben tener una foto suya en la cabecera de la cama, hacen lo mismo…. El tatcherismo es una cuestión de ideología… Ante un problema se pueden tomar miles de soluciones… y a la vista esta que la manera de funcionar de la Dama de Hierro no optaba por una solución que incluyera el propósito de hacer crecer el bien común sino más bien todo lo contrario…

  4. Elisenda says

    Hola Montserrat. Entiendo tu punto, pero verás que en el artículo recojo muchas otras fuentes, y de hecho no cito El Mundo en ningún caso, y The Economist lo cito porque hemos cogido su portada como imagen. Por tanto, no veo tu comentario como una crítica a los puntos que comento en el artículo. Te animo a que te leas el artículo y no te dejes llevar por prejucios. Además, en esta parte aún no hablo de las políticas de Thatcher, sino que intento retratar el contexto de la Inglaterra de los años 50-70 para que podamos poner en contexto, precisamente, las políticas de Thatcher. Qué te parece la política que siguió el gobierno laborista después de devaluar la libra en 1967? Qué opinas del modelo de relaciones laborales del Reino Unido, comparado por ejemplo con el de Alemania en la época? Sabes qué es el “closed shop”? Ese son el tipo de reflexiones que quiero ayudar a aflorar con mis artículos. Te animo a que te leas también la segunda parte! Gracias por tu tiempo!

  5. montserrat moliner says

    Hola Elisenda… me refería al conjunto general de la web “queaprendemoshoy” y sus enlaces, links, colaboradores, etc…
    Conozco el “closed shop” y no hago defensa de las actuaciones de según que sindicatos… He buscado la segunda parte… no la he encontrado… y ya se que no hablas de políticas de Tatcher en la primera parte del artículo pero a mi entender ya preparas el terreno para excusar ciertos comportamientos… o no? sino es así, se me escapa el porque de tu primer comentario…
    Leere la segunda parte…
    Por mi parte te recomiendo que leas “la doctrina del Shock” de Naomi Klein o veas el documental que realizó del libro Michael Winterbottom … ahí están unos buenos antecedentes…
    gracias a ti

  6. Isidro says

    Elisenda, tu artículo es una buena recolección de datos pero, con todos mis respetos, me temo que no entiendes el significado profundo de la crisis de 1973 en la onda larga de acumulación capitalista. Y no lo entiendes, porque también me temo que no has leído lo suficiente sobre el asunto. Eichengreen es una fuente académica respetada pero su análisis es mucho más superficial que los de Robert Brenner, Giovanni Arrighi o Gerard Dumenil, por citar tres perspectivas diferentes sobre la crisis. No me voy a extender mucho porque esta no es una página especializada en economía política y porque tu artículo apenas toca la tesis del mio. Simplemente, tienes que tener en cuenta dos cosas:

    1) La crisis de 1973 es la manifestación de una crisis de exceso de producción que se viene fraguando en los países centrales desde que las tasas de beneficio empiezan a caer a finales de los años sesenta. La causa de esta caída es la erosión de las ventajas competitivas americanas que supone la incorporación de Alemania (Europa) y Japón (Asia) a las líneas productivas centrales de la fase fordista. No puedes entender la ruptura de Bretton Woods y el desenganche del dolar sin entender este reto a la hegemonía económica estadounidense. Tampoco puedes entender el dominio posterior de las finanzas sobre el proceso de acumulación sin entender que los problemas de exceso de capacidad y de caída o estancamiento de las tasas de beneficio en los sectores industriales, y con ella los niveles de productividad del trabajo, se alargan prácticamente hasta nuestros días.

    2) El 68 trae una onda revolucionaria mundial que pone en jaque a los gobiernos capitalistas de medio mundo. En el caso de Europa, y muy especialmente en el Reino Unido, los niveles de pleno empleo favorecen la fuerza de los trabajadores para empujar al sistema por encima de sus limites capitalistas. Esto, por supuesto, tiene una traducción en que crece el porcentaje del producto social que capta el trabajo y, como cae la productividad por el exceso de capacidad, caen las tasas de beneficio. Son los años del Profit Squeeze. Lo importante aquí es entender es que en este punto lo que está en juego, no es un problema de gestión económica como tú planteas, sino la continuidad del proceso de acumulación capitalista en no pocos países europeos. Y que, además, la rebelión del 68 es en muchos casos una rebelión contra los sindicatos que habían pactado con el estado fordista en los contextos del posguerra. Sólo la financiarización del capital y la creación de nuevas instituciones transnacionales que recomponen el mando capitalista en la esfera transnacional permiten dominar la onda revolucionaria del 68 a través de dos grandes líneas políticas: 1) Las políticas de renta o de control de la inflación, que dominan el crecimiento de los salarios, de la fuerza social del trabajo, a partir de la generalización del desempleo, y aumentan el porcentaje del producto social que capta el capital, las finanzas. 2) Las economías de oferta que recomponen el beneficio capitalista a partir de la descarga de “costes” sociales sobre el capital y, a su vez, abren nichos de acumulación a partir de la privatización de lo que eran las instituciones del estado del bienestar.

    Pero, vamos, que todo esto aunque forma parte del programa thatcheriano no es ni mucho menos invención suya, sino que va fraguándose prácticamente desde la posguerra en distintos departamentos universitarios, think tanks y medios culturales que se preparan para asaltar el poder en cuanto el keynesianismo se mostrase débil. Por eso, la idea del artículo es situar la verdadera especificidad del programa político thatcheriano dentro de este contexto. No discutir acerca del contexto.

    • Elisenda says

      Isidro, seguro que no he leído lo suficiente de ningún tema, a mis 27 años!. Te agradezco los referentes, y me los apunto, evidentemente, para consultarlos pronto. Lejos de querer excusarme, quería puntualizar tus dos aportaciones:

      1) El objetivo de mi artículo (esta parte y la 2a parte, que saldrá el lunes) es poner en contexto el giro hacia la oferta que suponen las políticas de Thatcher a partir de las herramientas del análisis macroeconómico. Por eso, en esta primera parte del artículo, me centro en aquellos detalles que después me ayudarán a analizar estas políticas. Verás que no cito en casi ningún momento a los Estados Unidos o al Japón. Por qué? Porque incluirlos hubiese significado tener que cubrir otros puntos de análisis que, por falta de tiempo, espacio y capacidad, he preferido excluir. Me centro en el modelo de relaciones laborales, la política salarial, la inflación y Bretton woods porque, a mi entender, son los elementos clave (a nivel macroeconómico) para entender la política económica thatcheriana. Si mi artículo se hubiese titulado “Por qué cayó Bretton Woods”, seguramente habría buscado otras variables. Todas las variables económicas que no he analizado, no quiere decir que no las conozca, sino que no las he priorizado. Son opciones. Evidentemente, todo discurso acaba siendo subjetivo en el sentido que se priorizan unas variables frente a otras. Para mí, las variables económicas clave eran las que he presentado. Aunque también las que me propones son interesantes para futuros artículos, no me parecen oportunas para este. No pretendía hablar ni de la caída de Bretton Woods ni del colapso de la hegemonía estadounidense, aunque, claro está, tienen su impacto sobre la evolución de la economía mundial, pero no son mi punto de atención principal.
      2) Muy interesante este punto de vista, aunque el hecho que a partir de mediados de los 60 caen las tasas de productividad y los beneficios es un punto importante de la tesis de Eichengreen, y por tanto lo conozco. Lo interesante aquí, sin duda, es la relación directa que, desde tu punto de vista, tiene este hecho con la rebelión de 1968. Reconozco que en este aspecto me falta recorrido, y te agradezco tu aportación. En la 2a parte del artículo hablaré de las políticas de oferta, y creo que los dos subpuntos que planteas (políticas de control de la inflación y privatización de las instituciones del estado del bienestar) van a quedar bien reflejados.
      Soy perfectamente consciente que Thatcher no inventa nada, aunque sí que es la primera de aplicar las tesis de la Escuela de Chicago, que en el fondo beben de la Escuela austríaca. Tu artículo plantea perfectamente esta idea de “batalla” ideológica, cosa que encuentro muy interesante. Sin embargo, si solo nos quedamos con el contexto ideológico, a mí al menos me faltan hechos, me faltan datos objetivos…en definitiva: me falta análisis económico. Y es lo que intento aportar en mi artículo (insisto: aún queda una segunda parte!). Aporto el contexto económico, y tu aportas el contexto ideológico. Son dos ángulos para enfocar la misma realidad y lo interesante no es excluir uno en favor de otro, sino complementarlos.
      Estaré encantada de volver a debatir contigo una vez salga la 2a parte y a recoger tu punto de vista, realmente muy interesante y enriquecedor! Muchas gracias! : )

  7. Elisenda says

    En Qué Aprendemos Hoy hay centenares de colaboradores, cada uno con su idiosincrasia, ideología y referentes. Juzgarnos a todos por igual no me parece justo, pero cada cual con sus metodologías… La segunda parte saldrá el lunes! Paciencia : )

    Soy economista, no pretendo “excusar” ningún “comportamiento”, ese no es mi trabajo. Solo pretendo, insisto, facilitar herramientas del análisis económico para que nuestra visión de la realidad sea lo más amplia y rica en referentes posible; que, hasta donde sea posible, nuestras afirmaciones se basen en datos objetivos y no en opiniones o prejuicios. Gracias por las recomendaciones! Conozco el trabajo de Naomi Klein, aunque creo que su verdad no es absoluta, ni mucho menos. Donde no hay datos y entra la opinión, ahí hay mucha demagogia.

    • montserrat moliner says

      La verdad absoluta no existe, es un concepto equivocado y la demagogia máxima desde mi punto de vista es la separación cuerpo-mente… Obviar que las emociones también deciden, es un error… Los datos son certeros en cuánto a sus cálculos pero son igualmente manipulables que las emociones… ya que todo parte de nosotras, las personas… y de las formulas que empleamos para hacer o realizar esos datos…

      y ahora me voy de madre… y … a veces me pregunto
      ¿el sentido común es opinión?

  8. Jordi Oliveras says

    Me han dicho que este texto podría enlazar bien con el tema del artículo, y me ha parecido que es verdad: https://www.eldiario.es/interferencias/neoliberalismo-15M_6_122897713.html

  9. Guadalupe says

    Creo que precisamente el hecho de que los economistas (tecnócratas) se basen sólo en cifras para cimentar sus argumentos, es un indicio de que sus análisis son cortos y no dan cuenta de muchos aspectos de “la realidad”. Yo no soy economista, soy socióloga y he estudiado por años las políticas neoliberales en América Latina. ¿Qué se puede decir de eso? Que en la práctica ha agudizado los, ya graves, problemas de pobreza y de distribución desigual de la riqueza. En México el giro neoliberal ha tenido como consecuencia que ahora tengamos al hombre más rico del mundo (gracias a que compró a bajos precios empresas paraestatales en tiempos de Salinas), y, por otro lado, el empobrecimiento masivo del sector campesino y popular (de por sí golpeado). Esas políticas han justificado nuestro endeudamiento para “rescatar” a banqueros corruptos, incapaces de asumir la responsabilidad de sus malas decisiones. Si el capital financiero y los indicadores “macro” son tan importantes en su modelo económico, entonces estamos diciendo que los economistas de esa corriente no piensan en la gente (de carne y hueso) que tendrá que sobrellevar las consecuencias de sus modelos basados en indicadores “macro”. Siguiendo la lógica de ese modelo, en la práctica, los ciudadanos estamos perdiendo cada vez más derechos en pro del capital. Flexibilidad laboral (que no es más que la hiperexplotación), privatización de servicios sociales y altos impuestos. Esos son en la práctica los rasgos que adquiere el modelo defendido por la Thatcher y los organismos financieros internacionales.
    Leí una nota que me parece define muy claramente la naturaleza de dicho modelo (al que le importan sólo las cifras “macro” de la economía). Un hombre de 39 años se suicidó en Murcia debido a que no tenía manera de pagar la mensualidad de su casa (está de más decir que no tenía empleo). Escribió una carta donde acusó a los banqueros de su muerte. Esas políticas que favorece al capital financiero en detrimento de los derechos humanos y sociales, adquiridos mediante luchas históricas, son totalmente irracionales e inmorales. Independientemente de si las cifras macros de la economía se muestran saludables, en la práctica el neoliberalismo es una verdadera mierda. Una ideología que justifica la acumulación cada vez más masiva de la riqueza en cada vez más escasas manos.

  10. anton novas says

    Esperanza Aguirre fue quien más se acercó a este modelo de ofensiva política pero nunca franqueó ciertas líneas. No porque no le hubiera gustado franquearlas sino porque simplemente nunca pudo contar, ni fabricar, un medio político los suficientemente favorable a este tipo de ataque.
    … Lo hizo en numerosas ocasiones y sus fans la aplaudieron tanto como pudieron, hay que acordarse de los insultos a los mineros, supongo que le pondría, recordar a su admirada bich … pero está trasnochada, la crisis/estafa los arrojará al sumidero de la historia

  11. Pablo says

    Un debate de nivel. Cosas rara en internet. Enhorabuena. Sobre Inglaterra y su evolución recomiendo “Chavs La demonización de la clase obrera inglesa”. Un ensayo nada sesudo pero muy interesante para entender lo que ha pasado en el país en las últimas décadas.



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