(Una nova reflexió sobre periodisme cultural, després dels textos de Nando Cruz i Lucia Lijtmaer)
Es el dinero quien somete a todo entre cuatro paredes, paredes metàlicas, paredes de hormigón, paredes blindadas en lo que el valor, es decir: el precio, és lo único que cuenta o que importa.
Picasso vale… Hooper vale… Duchamp vale…. El precio supera a la obra. El valor de la creación está metido entre cuatro paredes desde que el dinero lo pudo todo, se compinchó en el 79 (Reagan, Tatcher, Den Xiaoping) para derribar el muro en el 89 y proclamar que ya sólo existía un mundo, una sola habitación, de cuatro paredes (una caja fuerte) en la que cabía todo, con sólo una puerta de entrada.
El dinero trajo consigo la industria, quien reglamentó en términos económicos el valor de la creación. Y la transmisión de esa cultura (como dijo Steiner) iba a ser el papel de los medios de comunicación, convertidos en medios de propaganda. Medios de comunicación prescriptores.
Y apareció el concepto de la prescripción cultural, el concepto que nos ocupa. La indústria se apoderó de los medios y de los que en ellos trabajaban para inocularles lo que debia ser prescrito, lo que debía recetarse para la buena salud del estado de bienestar. La industria cultural convirtió el criterio en prescripción, la crítica en voz unipersonal egocéntrica y narcisista, sometida por el dictado de la autocensura. Y todo se alejó. Las nuevas voces del periodismo cultural iban a traer consigo la banalidad de los nuevos tiempos, cabalgando las nuevas olas sobre pulidas tablas de surf. Pasamos del conocimiento vertical al conocimiento horizontal, al paisaje epidérmico, políglota y disperso. Con toda la información en el bolsillo abandonamos el estudio para dedicarnos a la contemplación.
La industria ubica la cultura en cuatro paredes, necesita almacenarla en un lugar, en la realidad quadrimendsional de la caja en la que todo cabe, en los boxes de almacenamiento, en la cajita con la que nos comunicamos, fotografiamos, grabamos y almacenamos nuestro ser y estar. La cajita, las cuatro paredes que lo pueden todo, que diluyen la memoria para mostrar una realidad licuada en alta definición. Mostrar para ocultar (como decía Bordieu), los medios muestran ocultando (no todo cabe en los tabloides, en el telenotícias, en el espacio radiofónico, en el campo de visión y en la comprensión del mundo de los que nos dirigen). Dónde nos situamos? A la vista de todos o en la cara oscura, la zona que no cabe entre las cuatro paredes de la indústria?.
Años ha de ese debate que viene de tan lejos que las nuevas voces, las nuevas inteligencias ni tan sólo asumen por su antigüedad intrínseca. No es nuevo, he aquí el problema. Todo debe debatirse dentro del nuevo orden establecido. Hemos decidido unánimamente que lo viejo no sirve por el simple hecho de ser viejo, por tanto vendemos el reciclaje como la última tendencia de la modernidad horizontal. Reciclemos por ecología, a pesar de que con ello condenemos la naturaleza. Reciclemos por huir de lo viejo a pesar de hacer del vintage la última moda. Reciclemos por necesidad, con tal de no necesitar a los que nos predecieron. Reciclemos aunque sólo sea por negar el talento del creador. Hemos transformado lo viejo en nuevo, pero sólamente en superfície, sólo sirve la estética.
La prescripción cultural és el ordeno y mando de la indústria cultural que ha reestablecido el nuevo orden mundial. La novedad frente al clásico, el remake frente al estreno, la estética frente a la ética, el consumo frente al goce, la prescripción frente a la curiosidad, una lacra (la curiosidad) heredada de los viejos tiempos, las viejas voces, los viejos pensadores. Para qué cultivar la curiosidad si la indústria cultural ya te vende todo lo que necesitas debidamente envasado segun prescripción autorizada?
[La cultura] És la búsqueda de la educación en sí misma,
basada en la comprensión, en el placer,
la transmisión de lo mejor que la razón y la imaginación
han producido en el pasado y que se produce en la actualidad.
George Steiner
Aquests periodistes no poden netejar-se escrivint sobre la cultura encapsulada quan ells han estat i són moltes vegades instigadors d’aquesta cultura i de prostituir-se amb editorials, discogràfiques i festivals. El missatge està instrumentalitzat per tothom, cal predicar amb l’exemple.