Aquesta cita es publica originalment a Bagdadcafebcn.
«Ese mediodía el Pasaje Central de la Cultura se llenó de augurios y felicitaciones. CULTURA con mayúsculas empresariales era la gestión que necesitaba la ciudad para seguir creciendo y Arcángeles Cepeda, la Gorda Vietnamita, la encargada de proporcionárnosla. Había hecho cursos en México, París y Barcelona, y Nueva York no tenía secretos para ella. También se había desempeñado como consultora cultural en la Unesco y en organismos del Mercado Común Europeo, donde se había especializado en servicios socioculturales y gestión etnocultual urbana. Dominaba varios idiomas y solía mantener una sonrisa perpetua frente a las circunstancias. Eso, unido a cierto balbuceo ininteligible y a unos modales escuetos y diplomáticos, la habían convertido en Vietnamita. La gordura era la afirmación endocrina de sus conocimientos. (…)
“Una diosa intangible nuestra Secretaria”. Nos aleccionaba con papers y dossiers en los que se nos repetía que los circuitos del mercado de la sociedad actual pasaban ahora por el marketing y lo que ella, con justicia, denominaba ingeniería cultural. Obraba así como una productora de management, gerenciando algunos espectáculos e intermediando en otros. Su convicción globalizante y marketinera trajo aires nuevos al Pasaje, generando una cadena de agentes y gerentes tan inagotable como sustanciosa. A eso le sumaba la tàctica empresarial, que manejaba con pasmosa habilidad y que le proporcionaba un fenomenal marco teórico (…)
Los temas importantes pasaron a ser nodos culturales y los cuadros y las obras en general, bienes de la red del patrimonio material. Existía asimismo el patrimonio inmaterial, un poco más invisible, pero éste, nos inculcaba seminario tras seminario, lo constituía nuestra especificidad cultural; es decir, lo que antes llamábamos identidad o lo que un poco más atrás y muy groseramente denominábamos memoria. Lo artístico quedó reducido a propuesta para la demanda de servicios culturales predeterminados y los antiguos asistentes se convirtieron en gestores, lobistas y catalizadores de tendencias. Mucha de la folletería impresa transformó sus lugares comunes en textos de interacción funcional, y la antigua oficina de Premsa recicló a sus periodistas en mediadores, formadores de opinión y emisores de la comunicación generalista.»
— El progreso no se detiene.
Gabriel Báñez (2006) Cultura. Buenos Aires. Mondadori p. 16, 24-25
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