Por Marina Baggetto
Seward. 11-12-2010. Sala Monasterio (Barcelona)
Comunal. (Des)comunal. Un intento de imparcialidad fallido desde el inicio. La música te arrasa, te traga como una marea, bien lunática, y te deja noqueado. A partir de aquí cómo escribir desde un desapasionamiento correcto o clarificador.
El concierto de la Sala Monasterio fue el anclaje entre la actuación que abrió el Primavera Club y la del Heliogàbal. Los números rondan la veintena de conciertos, no hay disco ni apenas difusión, y de ello se deduce que estamos ante los inicios. Sin embargo frente a la banda este hecho resulta más que opaco, e impera la intuición de clímax, de coagulación madura, y por momentos incluso la idea de partida. El de Seward es un crecimiento extraño, no es cúbico, no es exponencial (tampoco el de sus actuales seguidores, incondicionales como forma cualitativa); y bizarramente, con toda esa solidez, ese hipercontrol dramático, cargado de detalles hasta una profundidad fractal, Seward espira desconcertantemente un nomadismo connatural, íntimo y volátil, a la deriva. Quién sabe a dónde llevarán esas mareas.
Si no son balsa, sus raíces, su casa, son probablemente el mismo Seward. Ahora pienso en el título del LP que saldrá a finales de enero, “Home”, auto-editado y distribuido artesanalmente por capítulos. Prosigue aquí perseverante el exceso como acción que les caracteriza (en el deseo como proceso no hay límites).
Volviendo al directo, a la experiencia de mirar / escuchar a esta banda, puedo decir que fue, y es, algo que está vivo. Las canciones son hueso, razón rizada -arropada carnosamente con muchísima melodía-, las percusiones son prolíficas, inacabables, y el registro al oído se expande panorámicamente a causa de una heterogeneidad sonora que es sensorialmente selvática.
Conviven en la escucha la curiosidad analítica e -insisto- una fisicidad relacionada con lo dramático.
Se trata en parte de folk, experimental, cruzado con rock, con jazz, con electrónica. Sin embargo, a raíz de esta indefinición un poco anárquica, en el directo uno experimenta cierto placer cuando deja de ofrecer resistencia. Entropía, descaro, incertidumbre. Y al mismo tiempo una propuesta de contemplación que se desdobla, por una parte en una pluralidad amable, ya que el oyente es convocado por todos los instrumentistas -hay mucho de desjerarquización en esta banda-, y por otra, en un sujeto catalizador que encarna y performativiza. Galante y la voz, con todo el cuerpo, se arrastra en un viaje que, a ojos cerrados, parte de la concentración para desembocar en algo desbocado, que incide y afecta con intensidad, radicalidad, expresionismo.
Dejarse conducir por ellos, desde la suspensión, significa peripecia, exponerse y encontrarse, ¿y qué hay luego?
Sesacional y sensasorial, Seward es de otro planeta!
meravellosos …… molt visceral!!!
MOLT BONS !!!!. Intensitat i tendresa sonora alhora. So i interpretacions d’alt voltatge que juguen entre el pop rock i el jazz, amb una posada en escena sencilla i contundent al mateix temps. Un dels grups de BCN més exportables i no perque cantin en anglés sinó per la seva qualitat musical. El cantant que es mou entre la timidesa i la posesió infernal manté al personal en plena tensió fins al final del concert. Sense concessions, un 10 pels seus directes