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mínim 7º FESTIVAL INTERNACIONAL DE IMPROVISACIÓN

Escrit el 22/06/2009 per admin a la categoria Re-Visions.
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En el marco de las actividades organizadas por iba. col-lectiu d´improvisaciò, los pasados 30 y 31 de mayo tuvimos oportunidad de disfrutar en Barcelona del 7º Festival Mínim que llevó a Can Felipa a destacados artistas internacionales en este campo: la instalación sonora resuelta con materiales en su mayoría reciclados, en un gran espacio con la presencia del artista Pierre Berthet (Bruselas, Bélgica), y dos conciertos bien diferentes: un “concierto de papel” llevado a cabo por Alfredo Costa Monteiro (Portugal) y otro realizado por Lee Patterson (Gran Bretaña), con procesos sonoros a través de dispositivos electro-acústicos. Tres propuestas para la tarde noche del sábado y,. al día siguiente, Jean Luc Guionnet (Francia), despedía el festival tocando el órgano de la iglesia de Sant Josep Oriol, en el barrio del Exaimple.

El primero de los conciertos con Pierre Berthet, músico que reside actualmente en Lieja, trajo para su instalación sonora materiales variopintos como hilos de acero, un gran muelle, tubos metálicos y de goma de diferentes tamaños, latas, botellas de plástico, varios aspiradores, piedras,…. Con un cuidadoso montaje, Berthet consiguió la curiosidad del espectador nada más adentrarse en una de las estancias del cuarto piso de Can Felipa. En la atractiva instalación, el artista llevó a cabo varias propuestas a modo de partes: desde la más sencilla, la resonancia transmitida con el repetido golpeteo de una maza a un gran muelle o resorte emisor a través de una red, atada, confeccionada con hilos de acero; en el otro extremo, en recipientes metálicos, como receptores, latas ¡y hasta una barrita de pan!. Varias sillas distribuidas en el espacioso lugar invitaban a sentarse y escuchar acercando la lata a la oreja o simplemente paseando a lo largo de la estancia. Esta idea de escucha a través de una red de hilos o alambres (¿”Cómo se transmite el sonido, por ejemplo, del teléfono?”) ya la vimos y experimentamos, desde otra vertiente, en el mismo sitio: el año pasado, en la pasada edición de Mínim, con Olivier Toulemonde (la de este era una instalación electroacústica mucho más tupida y de mucha más laboriosa preparación). Pero Berthet, con esta sencillo preámbulo, nos tenía reservadas varias sorpresas. La preparación acústica de nuestro oído con las resonancias del gran muelle y los hilos metálicos de diferente calibre, en ocasiones un drone de recogimiento y toque de atención era, el anticipo, una primera parte, a la prestación de máxima atención audio-visual al conjunto y resultado final de la performance.

¿Qué significado tienen varias botellas de plástico vacías, cortadas por la mitad y suspendidas boca abajo por varios alambres, a aproximadamente dos metros de altura, de las que penden de su respectivo tapón, un trozo de varios centímetros de cuerda, dispersas en la sala?… La otra mitad de la botella, con una lata dentro, o bien un tubo metálico con una membrana en el extremo proximal, situada justo debajo, perpendicular, completan la adivinanza.

Cuando aún no ha desaparecido de nuestra escucha ese drone resonante, Berthet se encarga de ir llenando las botellas con agua, que vierte en forma de chorro discontinuo a través de los hilos de la cuerda que se van empapando poco a poco. El agua cae gota a gota, bien rebotando intermitentemente en la lata metálica o en la membrana colocada en el tubo (un simple plástico que tape un extremo provoca el efecto resonante a lo largo del metal). Los sonidos se intercalan, unos con otros, el efecto visual o memorístico (las típicas goteras que pueden habernos llevado a la desesperación durante un permanente goteo) se funde con el auditivo (nunca presumimos tanto de una escucha relajada, continuada y singular. ¡Ese tintineo mayúsculo, intercalado, frágil e intermitente hacia el final, fue realmente tan emocionante! Berthet, ya nos ha arrebatado la escucha. El silencio de la sala se palpa, el público que pasea por la estancia, va de puntillas, tratando de ahogar el sonido de sus pisadas para no interrumpir la concentración de la escucha. El artista nos ha cogido bien de las orejas…

¿Qué tal si seguimos enredándolo más, haciendo más ruido? Por medio de varios aspiradores con el tubo principal de succión que es reemplazado por manguitos de un metro y medio aproximadamente. Al enlazarle un nuevo tubo de goma o metálico con o sin membrana, dejando el extremo final libre, Berthet hace más ruido y sobretodo más divertida su intervención al emplear el mecanismo de succión del motor eléctrico a la inversa, es decir, en lugar de succionar, el aspirador se convierte en “espirador”. A medida que se da una potencia mayor al funcionamiento del motor, el tubo de goma de cada aspirador va haciendo resonar los tubos de forma indiscriminada y desde los sonidos sibilantes del principio se pasa, con una potencia proporcionalmente superior, a auténticos sonidos atronadores. Los tubos metálicos que ofrecen sonidos opacos y secos en una disposición semicircular a la altura del manguito, sujetado éste con piedras para evitar el desplazamiento de la fuerza espiratoria, pasan a ser sonidos generadores de ritmos, secuenciados y machacones cuando no multifónicos, y hasta un fiel reflejo con sonidos propios de algún que otro instrumento musical convencional. Las gomas que se añaden a los manguitos reproducen repetidos sonidos, rápidos zigzagueos o, a cuanta mayor potencia del motor, una elevación desde el suelo como ágiles y “enloquecidas” serpientes. Es en ese momento, cuando el propio Berthet puede elaborar su propia composición ante esta cacofonía aleatoria e improvisada. Hacer callar este o aquel tubo, dar mayor o menor potencia al motor espirador, servirá para que el público quedase más satisfecho de una performance que, qué duda cabe, este músico percusionista maneja a las mil maravillas, no en vano lleva casi dos décadas de experiencia en música contemporánea (Orquestra de Cordes d´Arnold Dreyblatt), improvisada e instalaciones sonoras (Asorbus de Continu, en Sub-Rosa, con Brigida Romano; Berthet- Le Junter, en Vandoeuvre, con Frédérick Le Junter; Ping Pong Anthropology con The 13th Tribu) realizadas con elementos tan cotidianos, asequibles y de reciclado como los que hemos descrito y presenciamos. Todo un discurso de recreo auditivo y visual desde parámetros quasi-acústicos (somos conscientes que los aspiradores funcionan con la corriente eléctrica), pero alejado por completo de la transformación / manipulación sonoras, muestreadores o electrónica con la que se revisten, en mayor o menor medida, la gran mayoría de las instalaciones sonoras actuales, presas de la tecnología.

La segunda parte estuvo a cargo del portugués Alfredo Costa Monteiro con una actuación acústica realizada con papel, material que utiliza desde hace años (Paper Music, Hazard Records, 2001). Si bien era esta la primera vez que no utilizaba amplificación sonora para la performance, el polifacético artista residente en Barcelona y hasta hace poco más de un año componente de iba, ha editado también en los últimos años varios proyectos de música improvisada: con objetos amplificados y electrónica (Neumática, con Pablo Rega); acordeón y objetos (Octante, con Margarida García, Ferran Fages y Ruth Barberán); electrónica, dispositivos electroacústicos sobre guitarra, (Cremaster, con Ferran Fages).

El público sentado ante una mesa donde conos de cartulinas de diferentes tamaños estaban fijadas por cinta de papel a lo largo y ancho de la mesa, cajitas, pequeñas escobillas confeccionadas con papel, cartón, papel-cello, etc.. Se trata del centro de operaciones donde Alfredo aprovecha, en la performance, las cualidades y texturas de este material: desde en ocasiones el sonido provocativo o chirriante que se produce con la frotación del canto de la cartulina en un cristal -de esta forma inició su actuación en una de las ventanas de la sala-, al más apagado, ocasionado por la presión en el propio suelo hasta, ya en la propia mesa, el de diferentes intensidades originados por su propio soplido en los conos. Alfredo realizó un concierto muy ilustrativo de búsqueda sonora sirviéndose de los gránulos y rugosidades del papel, frotándolos bien con varios arcos, o sirviéndose de una amortiguada presión realizada con los dedos.

La fragilidad del papel pierde pronto sus propiedades con la simple manipulación continuada, y exige un cuidado extremo para que el sonido resulte pulcro y no acabe, fácilmente, rompiéndose. En este sentido. la repetición sonora con un mismo papel, en ocasiones, no era ciertamente una idea buena. Alfredo es un maestro en todo esto y quería además -según me desveló en una conversación posterior- formalizar de alguna manera, en esta actuación en Minim, un pequeño homenaje a los dadaístas y creadores del Manifesto Futurista (sobre todo a Luigi Russolo y sus máquinas sonoras diseñadas para generar ruidos, los intonarumori, “entonaruidos”). Lee Patterson captó la idea muy satisfactoriamente. Alfredo acabó la última de sus piezas deslizando con cuidado sus dedos sobre una larga tira de papel pegada a un extremo de la mesa. La figura humana y su contacto físico con la fuente sonora, sus dedos y el papel que desenrollaba, fueron distanciándose poco a poco del foco principal centrado en la mesa, hacia uno de sus laterales. La oscuridad y el silencio más absolutos vino a instaurarse cuando el rumor desde lejos hubo cesado.

Lee Patterson venía por primera vez a dar un concierto a Barcelona invitado por iba. En poco tiempo, el músico de Manchester ha ido encontrando un hueco cada vez más amplio y reconocido donde presentar sus avances en el campo de la investigación sonora, soundscapes, grabaciones de campo e improvisación. Es quizás en este orden donde uno aprecia una mayor aportación y un enfoque artísticos muy personales. Su mesa de trabajo está bien surtida de cables, muelles, mesas de amplificación, reproductores de CD´s, varios cepillos de dientes eléctricos manipulados, numerosos micrófonos de contacto, e-bows, pequeños alicates, ventiladores a pilas, etc., esto es… material en la onda de artistas seguidores de la escuela electroacústica propiciada por Keith Rowe. No obstante, Lee Patterson nos sorprendió varias veces en el transcurso de su performance: el empleo de una sustancia, de efecto efervescente, disuelta en dos copas de agua. Pudimos escuchar la transformación de dicha disolución gracias a los micrófonos de contacto y la transparencia de las copas de cristal: un borboteo refulgente y magnífico al principio que decrece de forma inconstante en forma de clicks…hasta la total disolución en el agua; al mismo tiempo, Patterson puede aprovechar para mezclar esta capa sonora con otras, producidas, bien in situ o grabadas de las numerosas grabaciones (improvisaciones o field recordings) recopiladas o producidas desde cualquier procedencia o material, a través de un lector de CD´s. En este sentido, Patterson es un ferviente seguidor de las muestras y procedimientos sonoros de Francisco López.

También, Patterson utiliza una pequeña plataforma rodeada de muelles de distintos tamaños, calibres y formas a los que hace vibrar, resonar -encuentra la oportuna definición- con varios micrófonos de contacto, a través del soplo –se ayuda de un pequeño macarrón flexible, dirigido al extremo del resorte elegido. Cada uno, dada su peculiar forma, refiere diversos sonidos según la oportuna manipulación. Aún distorsiona, rescata o investiga más en dicha acción introduciendo los resortes en pequeños recipientes de cristal mojados con agua caliente, o a través del e-bow (aparato electrónico de contacto favorito de Rhodri Davies en su manipulación de las cuerdas del arpa. Escúchense Over Shadows- Confront Records, 2007, del músico galés; y la pieza Springwork #1 en el miniCD ¡¡50 copias!! a solo de Lee Patterson, que también contiene otra pieza a solo de Alfredo Costa Monteiro en el sello compostantheight; o Buoy, Cathnor 2009, de Patterson con Phil Durrant y Paul Vogel, para escuchar el efecto del e-bow con los springrods -nombre que da Patterson a su singular estructura / plataforma rectangular rodeada de muelles).

El particular universo sonoro de Patterson también se centra en lo que él llama “bubble musics” (músicas con ruidos de borboteos, gorgoteos, etc.) y en Mínim pudimos ver el proceso de cómo ardían diversas semillas en una pequeña plataforma, y escuchar los consiguientes sonidos gracias a los micrófonos de contacto. Es arriesgado presentar estas fuentes sonoras de chisporroteo, clicks, con agua o fuego, en la misma mesa donde hay tanto aparataje eléctrico de por medio. Toda una experiencia acusmática que Patterson deja que libremente termine, donde todo se realiza en tiempo real sin que, en este caso, el artista diese posibilidad alguna de alargar un procedimiento -el de quemar las semillas- que el impuesto o establecido por la propia combustión. También Lee Patterson, en este sentido, utiliza grabaciones realizadas con frotaciones de fósiles, piedras, y hasta los sonidos que se producen al cocinar o freir huevos, salchichas, tomates, etc.. Particularmente fue una experiencia muy grata el descubrimiento de fuentes sonoras no vistas in situ hasta ese día, junto a un ejercicio de escucha de mucha concentración, y de riesgo por parte del artista.
Jean Luc Guionnet está en uno de sus mejores momentos artísticos, compaginando con una granden los últimos años grupos de música instrumental, electroacústica, experimental e improvisación libre con saxofón y órgano. Es compositor de bandas sonoras, piezas radiofónicas, artista visual y dibujante. Minim 09, cambiaba el lugar habitual de las citas en los últimos años de festival para un concierto de órgano de iglesia: desde Can Felipa, en el barrio del Poble Neu, a la iglesia de Sant Josep Oriol, en el Eixample, para la actuación del músico lyonés, quien visitaba Barcelona después de una doble actuación en Galicia en los días precedentes.

La improvisación libre en el órgano de iglesia no es algo particularmente nuevo en el mundo de la música en los tiempos que vivimos. Los músicos interesados por este instrumento, y Derek Bailey dedicó un par de capítulos en su libro Improvisation…., han contemplado siempre las posibilidades de improvisar tanto por parte de los intérpretes (en la propia ceremonia religiosa, en la enseñanza) o el desarrollo propio del instrumento. Creo que todos recordamos a Olivier Messiaen como uno de los máximos compositores e intérpretes del siglo pasado, pero también a Marcel Dupré, su maestro. El instrumento siempre ha gozado de una enorme popularidad en Francia y Guionnet, desde 1998, ha grabado algunos álbumes en distintas iglesias (ET/OU – Potlach, el más reciente), y también otros músicos en el continente; como referencias, el noruego Nils Henrik Asheim (en solo, en el sello Sofa) y Gary Verkade (en dúo con el saxo Steve Nelson-Raney), en Estados Unidos.

Guionnet como artista interesado en el término sonido –mucho más que el término música- para definir su obra (una buena lectura es su propio texto, escrito entre 1995 y 1998, “Le Bruit de Fond.” Revue et Corrigée #56, juin 2003, páginas 26-31), realizó en este concierto dos partes bien diferenciadas, sin pausa alguna. La primera fue una extensa pieza improvisada donde puso de manifiesto precisamente algunas de las máximas que el artista recomienda en su página web: www.jeanlucguionnet.eu/-improvisation-: «sentir, hacer sentir que esta ordenación [arquitectural del instrumento] se prolonga de una manera tanto real a la vez que simbólica, al espacio de la arquitectura », « tomar la entonación de la máquina tal cual y orientarla en el espacio, apuntar al lugar que se quiere alcanzar, es decir la duración de propagación, la amplitud de la reverberación », «conducir esta entonación para que vibre de tal o cual manera sin nunca perder su calidad bruta de entonar: distribuir ».

Una vez dentro, es difícil que uno pueda prescindir, no sentirse parte, del espacio que acoge un edificio tan singular como el de la iglesia de Sant Josep Oriol; pero escuchando esta primera parte del concierto tocada por Jean Luc Guionnet con el órgano, situado a la izquierda del altar mayor de la iglesia, sí puede uno perfectamente olvidarse que está sonando este instrumento, puesto que los sonidos no llevaron el lenguaje característico propio del órgano y sus consiguientes improvisaciones en ceremonias eclesiásticas. Fueron más bien una provocación de creación en situaciones límites sonoras, no con un afán egocéntrico, falto de contenido, o un planteamiento de tocar de forma estridente, sino de abarcar una gama diversa, amplia y conjugada de sonidos –una visión exploratoria- respetando el `espacio de la arquitectura´ del edificio. En ocasiones fluctuaba un drone denso y constante, que pronto era `comido´ por crescendos en cascada, vertiginosos, numerosas capas superpuestas con un tratamiento inusual en este instrumento. Un trío de realidades en movimiento con las que el artista se encuentra y manifiesta: sonido, silencio y espacio que, en este caso, Guionnet respeta al máximo (« El silencio en la composición es una puntuación… mientras que en la improvisación, para mí, por ejemplo cuando toco el saxofón, me sirve para sentir, tomar contacto con el público,… », comentaba en la cena posterior a este concierto).

Se adentró JL Guionnet en una segunda parte de la pieza, más corta y `convencional´, y con mucha menos gente en los bancos de la iglesia, con pasajes y lenguaje propios de lo que uno espera escuchar de este instrumento, aún cuando por los tubos del órgano nunca se hubiera escuchado algo de ejecución tan libre.

Aún más, la libre improvisación se plasmó precisamente en este concierto final. Las propuestas de iba, consolidadas en múltiples actividades y bien documentadas en estas ya siete ediciones del festival Mínim 09, definen ciertamente la idea de encuentros abiertos a la experiencia sónica directa y reflexiva con artistas internacionales de máxima calidad. Un más que recomendable aliciente para educar la escucha.

Contacto : Ruth Barberán – improiba@hotmail.com –
https://ibacolectiudimprovisacio.blogspot.com/
Texto : Chema Chacón. Fotos: Enric Coromina



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