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El poder de la música. La música del poder

Escrit el 18/09/2007 per Carmen Pardo a la categoria Transcripció d'esmorzars.
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ESMORZAR “EL PODER DE LA MÚSICA, LA MÚSICA DEL PODER”
18 de setembre de 2007
Amb Carmen Pardo

<<El por qué del título, primero me habían comentado el título de Música i poder, y yo he propuesto EL PODER DE LA MÚSICA, LA MÚSICA DEL PODER, un poco para que nos centráramos en los nexos que hay. No podemos hablar de música y poder como si el poder fuera un sistema de control absolutamente manipulador en el que la música ocupa un lugar totalmente subordinado y ya está. Sinó que la música tiene un poder mismo, no se trata de un dominio de una instancia sobre otra sinó de acoplamientos que se hacen.>>

JO: Ella és filòsofa, ha escrit sobre John Cage… I parlarà primer ella una estona i després representa que als demés ens haurà interessat i farem les nostres aportacions. Tens la paraula.

CP: Parlaré en castellà, que m’ho han demanat. Ho he preparat en català, no sé si saltaré alguna vegada…

Como decía Jordi, el tema es muy amplio. Lo que yo pretendo es compartir con vosotros algunas de las cosas que me preocupan al respecto, como lo veo, y en este sentido os quería dibujar un panorama, un mapa del asunto, pero es una cartografía que no tiene todos los puntos puestos, porque no quiere tenerlos, lo deberíamos hacer entre todos, y dudo que podamos hacerlo en una sesión, porque tiene que sedimentarse en cada uno de vosotros. Pero si que me gustaría compartir con vosotros este mapa.

El por qué del título, primero me habían comentado el título de Música i poder, y yo he propuesto EL PODER DE LA MÚSICA, LA MÚSICA DEL PODER, un poco para que nos centráramos en los nexos que hay. No podemos hablar de música y poder como si el poder fuera un sistema de control absolutamente manipulador en el que la música ocupa un lugar totalmente subordinado y ya está. Sinó que la música tiene un poder mismo, no se trata de un dominio de una instancia sobre otra sinó de acoplamientos que se hacen.

¿Cuál sería el poder de la música? Dicho rápido y mal, serían los efectos, las transformaciones que la música es capaz de producir en cualquier sujeto. Incluímos también grupos, masas, el modo en qué la música actúa sobre el invidiuo, transformando su ritmo, su forma de estar en el mundo, y sobre grandes masas, entonces el poder se duplica o triplica. Con esto no quiero decir en absoluto que los sonidos tengan este poder. No lo sé. Digo que las formas en las que se organiza la música generan efectos determinados que son ejercicios de poder. Es por eso que puse la cita de John Cage porque me parecía bastante clara: “Los tipos de música menos anárquicos ejemplifican estados de la sociedad menos anárquicos. Las obras maestras de la música occidental dan ejemplo de las monarquías y las dictaduras. El compositor y el director. El rey y el primer ministro.” En esta frase de Cage tenemos: tipo de organización sonora y estado social, y entre ellos un vínculo. Si tuviéramos tiempo veríamos que este vínculo va apareciendo, contínuamente.

Otro ejemplo más cercano nos lo pone John Zerzan en “Tonalidad y totalidad”, donde se hace el nexo entre el sistema tonal –el que imperó durante bastantes siglos y aún hoy tenemos- y los sistemas totalitarios, entendiéndolos no solamente como los fascismos –y como ahora está de moda decir, también comunismos- sinó también democracias, que pueden convertirse en un sistema totalitario. Os leo un momento porque cree que vale la pena, y luego ya dejamos las citas. Hablando de la música tonal dice “[…] se trata de la tonalidad de la iglesia, la escuela, la oficina, el desfile, la convención, la cafetería, el puesto de trabajo, el aeropuerto, el automóvil, el camión, el tractor, el restaurante, el vestíbulo, el bar, el gimnasio, el burdel, el banco y el ascensor. Temeroso de no tenerla bajo los pies, los hombres se la encadenan ahora al cuerpo, para poder moverse a su compás, correr a su ritmo, trabajar a su son y relajarse con ella. Está en todas partes. Es la música. Como el lenguaje, la tonalidad ha estado caracterizada por su falta de libertad. La sociedad nos hace tonales. Únicamente con la eliminación de esa sociedad se superarán las gramáticas de dominación.” Como véis, aquí se apunto todavía más lejos, se habla de la eliminación de la sociedad que se aviene con la tonalidad. Está en la misma línea que la cita de Cage.

Por un lado es este poder de la música, que se aviene con el poder de una sociedad. Y por otro lado está la cuestión del estado, de unas formas de gobierno, que intentan imponer un tipo de sociedad y de comportamiento. Para ver como se avienen estas dos formas, quisiera proponer que no me interesa la idea de un estado que se impone de forma vertical sobre los ciudadanos. No sé si os acordáis de aquella cita de ?? de los años 60 que dice “¿Acaso no se está convirtiendo el Estado en productor de ruidos que hace que apaguemos todo aquello que nosotros tendríamos que decir?” No es tanto esto lo que me interesa, sinó una concepción del poder más micro, más cerca de Foucault. Una sociedad no está dirigida por un estado, sinó constiuida por micropoderes que van interactuando. Él lo llama archipiélago de poderes. Pensamos que en la sociedad actual muchas veces se habla de sociedad líquida, fluida, precisamente estos términos están bien vistos, porque vienen del arte, y cada vez se habla más de libertad y al mismo tiempo se imponen más sistemas de control en nombre de la seguridad. Las dos cosas van siempre van unidas, con lo cual es más difícil de ver. ¿Qué tipos de poderes funcionan en este tipo de sociedades? Yo veo claros dos tipos: los que disciplinan, que hacen que el individuo responda a una serie de responsabilidades, pero hay otros, más sibilinos, en nombre de nuestro bienestar. En nombre de la higiene pública, de nuestro salud: el trabajo, el sobrepeso…. Es la llamada biopolítica. Los dos van unidos, también cuando hablamos de música y poder. A veces se funden y es difícil saber dónde están los límites. Voy a poner un ejemplo: podemos ver un paralelismo. Hacia finales del XVIII, principios del XIX: empieza a funcionar el sistema escolar obligatorio. Se empiezan a plantear como funcionan los niños. Ahora nos parece normal, están más o menos como estamos aquí, aunque en filas, yo delante, de cara a vostros, para poder tener control sobre vuestra corporalidad, de las caras de antención o no… Pero esto no ha aparecido tal cual. En principio estaban alrededor del profesor, pero se decidió establecer este tipo de control de cuerpo y mente. Ahora somos más democráticos y hemos quitado la tarima, aunque la tarima funciona, es perfecta para este sistema… Y este sistema tiene un paralelo sonoro en el sXIX con el origen de la gran orquesta y su director, tarima incluida. Si empezamos a ver estos pequeños detalles, quedaríamos aterrados de la precisión de estos ejercicios de poder, y de como la música no es ajena a esta poder sinó que ella misma los reproduce, sobretodo en su representación.

Vamos a poner otros ejemplos menos someros respecto a como Estado y música y pequeños poderes y música se avienen. Uno de ellos es, tipificando ya, es como los poderes se ejercen sobre el control de los mensajes sonoros. Hay muchos tipos de mensajes:

– El ruido como tal. ¿Cuál es la función de estos pequeños poderes? Si hablamos de una ciudad como Barcelona, vemos la forma en qué se mide: decibelios. La pregunta seria para cualquier músico: ¿Son realmente los decibelios lo adecuado para medir el ruido? ¿Qué mide un decibelio? Porque a lo mejor corremos el riesgo de que quien monopolice el discurso sobre el ruido ejerza un sistema de control dado por un sistema jurídico que habla de como tienen qe relacionarse la gente entre ella y que se concreta con temas de carcel para aquella gente que produce más decibelios de los permitidos. Está claro que a todo el mundo le molesta un vecino ruidoso, a mi a veces también, pero no se si me explico. Hay que tener mucho cuidado con estas respuestas. Porque son teóricamente para el bien de todos pero que dejan de lado cosas que a la gente que nos interesa el sonido nos deberían importar.

– Los himnos compuestos, sea en un partido de fútbol, en una manifestación, patrióticos, en las guerras… Aquí vemos como confluyen música y poder. Un dato: cuando aparece y se extiende la radio en los años 30, sabemos que fue uno de los medios de ejercicio del poder más grande. Luego también de liberación. En la pre-guerra mundial fue muy importante, así como también en la Guerra Civil Española. Son consignas que afectan al individuo y al grupo. Sea para liberarnos de los fascistas o de los fascistas para entrar en un ritmo de terminado. Se utilizó por los dos lados.

– Los minutos de silencio. Últimamente lo que se hace es aplaudir. Si alguien lo entiende luego lo hablamos. Este cambio da mucho que pensar.

¿Cómo se hace sentir la violencia a través de la música? En las guerras se añaden elementos sonoros al propio sonido del armamento para aterrar aún más a la población. Tenemos ejemplos aún ahora, en Irak. Hay sonidos que todo Irakí reconoce. Tenemos también los sonidos que se usan contra los jóvenes. En casos de botellón y en manifestaciones. Hace un año, en la Embajada de los EEUU en Atenas, se usaron unos sonidos tan agudos que sólo los pueden percibir oídos jóvenes. Esto se usa cada vez más. No olvidemos que se han hecho experimentos con animales, con el sonido.

Y tenemos también las formas en que, a través del sonido, interiorizamos prácticas disciplinarias. De alguna forma ya lo he dicho. Los cantos grupales son muchas veces interiorización de prácticas. En la época franquista como se empezaban y acababan las clases? Con el “Cara al sol”. Eso sigue ahí… Ahora no lo cantamos, faltaría más, pero los niños de parvulario tienen una serie de canciones asignadas para transmitir el espíritu nacional, en este caso el catalán. Hubo mucho debate a ver qué canciones transmitían la identidad nacional catalana. Y esto lo están cantando los niños, ojo que está ahí. Es una forma de interiorización de prácticas.

Una vez planteado este mapa, yo quisiera lanzar dos cuestiones, que también tenéis en la hoja. Visto este panorama, podemos pensar que realmente la música, el sonido en general no escapa a lo que son las formas de transmisión sonora de nuestra sociedad, que es una forma mercantilista, dentro de la indústria cultural. ¿No hay nada que escape de esta indústria cultural? ¿O podemos pensar que todavía el trabajo de músicos o de artistas en general todavía actúa como un proyectil, tomando la imagen de Walter Benjamin, que es capaz de sacudir al oyente y sacarle de un tipo de escucha determinada? Ésta es la pregunta que yo me hago y que no tiene una respuesta clara, almenos para mi, porque yo creo que debido a estos dos tipos de poderes: el que individualiza y el que teóricamente nos proteje, nos da bienestar, que se extiende y que para mi es el más peligroso. Estos dos poderes nos hacen difícil decir que hay cosas fuera de la indústria, aunque yo digo que no, creo que no, y por otro lado el sonido puede ser todavía un proyectil. Sí, creo que no todo está dentro ni todo es un proyectil.

Vamos a verlo con detalle: Cuando hablamos de industria cultural, que es un término, recuerdo, de Adorno, a mi me preocupa un aspecto, es un término ya antiguo. Cuando apareció hacía daño, venía de cierta crítica marxista y “hacía daño”. Pero esto ha quedado un poco aguado, de modo que ahora nosotros podemos ir a pedir una subvención a la Generalitat y tener que pasar por el Institut de les Indústries Culturals, y que dentro del departamento tiene la defensa de la lengua catalana. Encuentras cosas contradictorias. Te das cuenta de que todo, al final, va a quedar sumido bajo esta etiqueta. Y por nuestra parte no hay ningún reparo, para poder conseguir la subvención. Igual nos conviene, pero yo no lo tengo tan claro, que tengamos presente todo lo que esto implica. Esto por un lado.

Por otro, el aspecto que más me preocupa del ámbito social es lo que yo últimamente estoy llamando la escucha en continuidad. Sin intervalos, en exceso. Exceso sonoro. Me preocupo. Me refiero a estos modos de escucha que van unidos a lógicas repetitivas, las lógicas machacantes de la radio para difundir una serie de músicas determinadas y no otras… Con esto no quiero criticar la radio porque tiene también buenos programas de liberación. El hecho de que la lógica de la repetición de instaure creando un gusto determinado, es preocupante. El hecho de que estemos en una de las ciudades más ruidosas de Europa me preocupa. Y que esto quede mermado por el hecho de que gran parte de nosotros va con su iPod que hace de burbuja sonora, para mí también es preocupante, porque tiene que ver con la creación de identidades repetitivas que fomentan una sociedad determinada. Con esto no quiero decir –el discurso siempre es peligroso- es que es negativo que alguien vaya con su iPod escuchando música. Claro que no es negativo. Lo que es negativo es que vayamos con cualquier dispositivo si esto forma parte de una cápsula, por ejemplo el coche. Ahora vemos estas discotecas andantes, en las que la máquina, el sonido y tu propia vibración se dan en línea. Es positivo, puede darse lo mismo en un club. Pero sólo tiene sentido dentro de la burbuja. Lo que me preocupa es el otro lado del asunto. Una cosa es que tu lo hagas como práctica liberadora: “Me voy a poner el ritmo de los pies a la cabeza”, por qué no, no? Formas de escuchar hay músicas, y no hay unas mejores que otras. Pero cuando la forma de escucha nos relega como personas a no saber realmente cómo escuchamos, aquí si realmente tenemos un problema. Entonces, cuando yo hablo de escuchas de continuidad hablo de esas escuchas que se van enlazando y que muchas veces son escuchas que nos impiden escucharnos a nostros mismos, de las cuales nosotros mismos somos evacuados, en las cuales ni el hecho mismo de la escucha es planteado. Es aquí donde a mi me gustaría llamar la atención. El propio oído desaparece, y por lo tanto la propia relación consciente con el sonido (nos queda la inconsciente). Un intervalo de vez en cuando, creo que es necesario. Del mismo modo que un intervalo para pensar cómo se ejerce el poder sobre nostros también es necesario.

El planteamiento para mí sería ¿Cómo crear discontinuidad, en estos espacios de continuidad? En este espacio en el que música y poder se avienen de forma muy sibilina. Algunas cosas ya se están haciendo. En el libro que tenemos aquí –Idees per a la música- tenemos muchos ejemplos: gente que trabaja intentando alejarse de las formas impuestas del consumo de la música, determinadas, repetitivas, que incitan a un consumo de música y sonidos que a veces se avienen con la tonalidad y la totalidad de la que hablábamos antes, que transmiten valores totalitarios. Alejarse también de formas de distribución determinadas, de formas de organización sonora que son formas totalitarias. La propia organización refleja la sociedad y actua sobre ella. Es decir, crear microentornos en este macroentorno en el que vivimos. Si, como decíamos al principio, la sociedad es un archipiélago de poderes, la forma de contraatacar no puede ser macro, sino creo que, por ahora –una gran revolución siempre es posible-, yo me contentaría con elementos micro para ir actuando sobre los micropoderes. Creo que en este sentido el arte en general sería una forma de resistencia, ya no digo de acción revolucionaria, porque además da vergüenza de hablar de estas cosas, estamos tan aplatanados… Y la primera resistencia consiste en señalar.

Es por esto que yo quisiera terminar con una imagen que me gusta mucho y que quería compartir con vosotros, y es una imagen que da Felix Guattari del artista, y dice “El artista es como un muntante”, el artista es alguien que en nuestra ciudad debe mutar, para no resignarse a unas formas sociales muchas veces restrictivas. Y por qué es mutante, el artista? Porque muchas veces es el único capaz, nos dice, de crear procesos de singularidad, de sustraerse a estos grandes sistemas (de control, en el fondo), y de arriesgarnos a una aventura personal. Artistas podemos serlo todos si creemos que somos capaces de mutar. Y con esto termino, porque prefiero que preguntéis vosotros y que charlemos.

JO: Molt bé, moltes gràcies… [Aplaudiments]

??: Fem un minut de silenci?

JO: Ja podrem?

JO: Qui vol dir alguna cosa?

Victor Nubla: Yo creo que este paso a una sociedad en la que todavía el individuo puede ser algo más que un individuo para terminar siendo un clon dentro de una cápsula al lado del otro, se puede explicar de una forma muy divertida con la historia del cláxon. Al principio, la gente no estaba acostumbrada a los coches y el cláxon servía para que no te atropellaran. Y ahora lo que tenemos es un atasco con miles de personas dentro de cápsulas haciéndose notar a nadie. Es decir, gritando.

CP: Y al mismo tiempo tenemos la manera en la que nos movemos normalmente por la ciudad. Me lo has recordado al hablar del cláxon. Es verdad, el cláxon es para que, teóricamente, la gente se aparte. Pero hay tantos coches que la calle es suya. Y al mismo tiempo se ponen policías para obligar policías para obligar a la gente a cruzar por un sitio determinado y en un momento determinado porque claro, sino la gente cruzaba por donde quería y cuando quería. Esto nos remite a otra disciplina corporal, que ya hemos adquirido, y no sé si la tenemos ya genéticamente.

Max Sunyer??: Esta regulación está llegando también a la bicicleta. Al final, el discurso es como para suicidarse. Si lo analizas, todo está controladísimo, ríete de Orwell.

CP: Es que ya hemos superado lo de Orwell, creo…

MS: Sí, sí, pero de lejos…

[Inaudible]

Lluís Cabrera: Yo creo que no hay escape, por mucho archipiélago… el sistema capitalista, y lo que nos ha vendido que es el consumo, nos hace a todos estar hipotecados, almenos económicamente. Con lo cual yo creo que es imposible hacer una gran revolución. Y cuando creemos que hemos encontrado una alternativa nos pasa como a los bolcheviques en la revolución rusa, es decir crear una nueva dictadura. ¿Por qué en el mundo de la música creemos que hay música de enrollados? SyS son enrollados? Serrat y Sabina, digo… E Isabel Pantoja y el Fari, no.

Y lo que decías de la tarima en la escuela, pues imagínate en un escenario, que músico y público están directamente separados… Y a partir de aquí … yo no voy a criticar a mi propia forma de vida, que es dar apoyo al profesional. Pero el exceso de profesionalismo y la diferencia que hay entre el que está en el púlpito y el que está allí escuchando el mensaje que sea, que no deja de ser un rebaño que va a escuchar a quien sea. Aquí hay un tema muy grave.

Y sobre los himnos en la escuela, yo estoy muy contento de haber cantado “Cara al sol” porque gracias a eso me hice anarquista. Y cantando himnos nacionalistas en la escuela quizás fomentemos que crezca gente internacionalista. Es decir, la escuela activa esta progre enrollada ha sido un auténtico desastre. La disciplina y el orden hacen que la gente se rebela, la no disciplina crea borregos… Reivindico el individuo al margen de la colectividad, y la suma de individuos con un cierto componente libre. Es decir, no hay nadie de los que estamos aquí, en esta ciudad llamada Barcelona, que se atreva a criticar ciertos acontecimientos que se hacen con dinero público pero que organizan empresas privadas y que son un auténtico adiestramiento fascista. Y tienen páginas y páginas en los periódicos. Ocurre, estamos todos contentos… No quiero decir nombres, porque siempre me retrato y claro… Pero está muy claro. Supongo que Victor Nubla sabe a lo que me refiero.

Y otra cosa, y acabo… Ya no me acuerdo. Lo de los mutantes me gusta, sí.

[Sorolls]

??: No es que quiera ser optimista [rialles], porque es políticamente incorrecto, pero yo diría que no es todo tan nefasto. Voy a intentar arrojar alguna luz, si puedo. Has hablado de la escucha contínua. Creo que aquí está un poco el quid de la questión. Yo creo que no importa tanto lo que estás escuchando sino cómo lo escuchas. Cuando se hace el homenaje al jugador Puerta, no se hace un minuto de silencio. Se pone una grabación de “El cant dels ocells” de Pau Casals, que se corta al minuto, donde toque …
La música se ha vuelto una señal, un color… La parte positiva de esto es que una buena educación, que nos enseña a escuchar, es la solución.
Otras cosas que he apuntado por aquí: esta espacialización de la música… La música puede hacer mucho por el mundo y por el arte. Pero hay que distinguir la escucha de un sonido de la escucha de música. La escucha musical necesita una actitud y eso es una manifestación de libertada. Aunque el artista se ponga más alto que los demás, si el que escucha lo hace activamente, él está haciendo también arte. Entonces, es ahí donde yo insistiría. Si nos preocupamos de escuchar y de aprender a escuchar, quizás ganemos este margen de libertad.

[Sona un telèfon, riures, fragment inaudible]

JO: Xavi?

Xavier Maristany???: En los últimos cien años, por ejemplo, en los campos de concentración se les ponía música a los presos. O el uso hecho en la película Apocalipse Now, que en plena matanza ponían canciones que en esa época te gustaban. O se ha asociado por parte del poder, los actos violentos con cierto tipo de música y por lo tanto también con el tipo de vestimenta de la gente que la escucha.

Yo he estado este mes de enero en el desierto, con los touaregs, y todo el mundo se sienta de lado, canta… No es la misma idea del púlpito y la gente abajo. El poder siempre estará metido en eso…

JO: Jo volia parlar sobre l’optimisme, quan heu fet alusions al que té tot això de terrorífic, jo pensava, sí, però ben bé què? Quan denunciaves que el poder s’ha tornat més subtil i el tenim més repartit. Per tant pot haver-hi una part terrorífica que no sabem com volem reaccionar a tot això. En canvi el que si que em sacseja molt del que s’ha exposat és la consciència del poder. Quan està més repartit i l’estem exercint tots plegats. En la mesura que és més subtil és més difícil posicionar-se i passa més desaparcebut. M’interessa molt apel·lar a la consciència de la influència del poder en la música, de forma subtil i hipnòtica. Entenc que és inevitable. Saber-ho és important, per poder portar-ho cap on volem, interrompre-ho de tant en tant… És molt important.

CP: No, yo estaba intentando recoger un poco: Ciertamente, la propuesta que yo hacía es sobre el fin de la consciencia, porque ya no podemos hablar del poder únicamente como estado. Es muy fácil decir que al haber cantado Cara al sol nos ha hecho anarquistas, pero decíais que ahora los niños que cantan canciones nacionalistas se volverán internacionalistas. Yo no lo tengo tan claro. ¡Ojalá! El problema, conectado con lo que tu conectabas, el problema es que todo está bien, todo es tan sibilino, estamos en una sociedad democrático y un chaval de 17 años te dirá que estamos en el mejor de los mundos posibles. Por eso es normal que no haya rebelión, en el Estado español y en Cataluña los chicos ya no saben cuáles son sus derechos, ya no les preocupa. No creo que por qué se machaque por un lado, vamos a reaccionar por otro. Fijaos que ya nos parece normal que vayan poniendo tantas cámaras de vídeo por todas partes. En el metro inglés hace un tiempo había señales que ponían “Sonría, está usted siendo grabado”. Al final nos vamos acomodando, es por esto que apelo a la consciencia individual, por eso ahora mismo no creo que la solución sea la educación. Sí una educación individual, que cada uno se eduque a sí mismo. Lo que me preocupa mientras tanto es esta consciencia. Si nos fijamos en los hitos de estos 100 años, nos podemos fijar en una obra emblemática como el Carmina Burana, que ya hemos olvidado para qué se compuso y en qué condiciones. La facultad de Filosofía e Historia fue inaugurada el año pasado con el Carmina Burana. Que un sitio así acepte esto a mi me preocupa. No porque considere que la obra en sí sea solamente… No, ojo, pero deberíamos saber con qué cosas jugamos. Ha servido para anuncios televisivos, el concierto es gratis. Ojo con los responsables universitarios que lo programan.

MS: Como músico puedo decir que la melodía tiene un poder, tiene harmonía y ritmo. Con tres notas puedes colocar a la gente en el infierno o en el paraíso. Tu esto lo sabes, y más con la experiencia que te da el tiempo. Vas administrando tus recursos, sabes en qué momento utilizarlos para que haya un feedback y que venga uno y te diga qué bonito esto que has tocado. Por muy mutante que sea el artista, esto lo llevas dentro. Una vez encima del escenario, te conviertes en una especie de chamán que conduce a la masa. Y sobre la educación, también creo que tiene un peligro. Implica alienación y manipulación. Es imposible que un sistema, por muy democrático que sea, de a los críos una educación absoluta, que les enseñe todo. No hay tiempo. Yo creo que debería venir más de la familia. Afortunadamente, mis padres son campesinos, y yo me crié en el campo hasta los 14 años. Y todo esto que se dice de poner límites a los niños, enseñarles lo que se puede hacer y lo que no… Mi padre era músico y me enseñó a mi toda la música. No había agua corriente ni luz. Todo lo que me llegaba del mundo venía de la familia. Además, era todo lógico. Estuve en Mali en Semana Santa y me pareció algo parecido a mi pueblo en los años 50, la gente iba sucia y mal vestida, pero eran felices, no estaban manipulados. Y la música, en lugar de ser lo que la hemos convertido en Occidente, el cura que lleva a la manada, la música allí se comparte, en la familia, en el campo, no exisitía el escenario. Esto existía hasta el siglo pasado. Los gitanos lo siguen manteniendo. En Cataluña la música popular está regida, por ejemplo. La educación tendría que emanar de la misma familia, claro que la relación entre las familias…

CP: La familia ya no existe.

MS: Pero yo creo que aún puede exisitir. Yo entiendo por familia el entorno más cercano. La educación no sería tan manipulada, sino por la lógica del devenir humano. Te enseñan a andar, a comer, a ponerte un zapato… Y por otro lado, lo del artista mutante, que no puede serlo del todo en el escenario. Es un placer, un orgasmo, y llegas a un momento cúspide en el que se te ocurren mil ideas, y sabes que con sólo dos notas. Y el Carmina Burana o lo que sea, son notas colocadas, que cuando lo escuchas se te pone la piel de gallina. Y es tan difícil conseguir eso con las notas… Ahora existen cosas por internet, que te las bajas y puedes “componer como”, pero no funciona. Alguna cosa tiene la música, alguna magia tiene, que llega a la gente, tiene este poder.

CP: Es por eso mismo que yo apelaba a la consciencia, porque la única distancia que podemos poner en nuestras ratoneras, es ser consciente de lo que hacemos. No es lo mismo saberlo o no. Forma parte del poder de la música. No es la misma actitud si escucho Wagner o Bach sabiendo lo que llevan implícitas las composiciones, lo que el autor pretendía, el uso que se le dió.

LC: Es lo mismo que Miguel Ríos o Miguel Bosé, que viven en grandes mansiones y luego salen por la tele y hablan en contra de la guerra de Irak… Anda, hombre! Estos son los enrollaos. Y son fascistas, son los fascistas del PSOE… [Inaudible] Esta es la gente que hoy manda, los que hacen giras porque les pagan los ayuntamientos. [Inaudible]

[Rialles i comentaris generals, de fons se sent alguna cosa sobre el poder, les ràdios públiques…]

JO: Tenim encara 5 o 10 minuts.

MS: Yo quisiera preguntar qué es en realidad el poder político, porque detrás está gente como Bill Gates. Ellos son los que piensan que va a gustar a todo el mundo, quienes preparan los dispositivos para la escucha en continuidad. Hace poco estuve en un seminario [fragment inaudible] y estaba el de Vodafone, el de Telefónica. Y les dije, sabéis que lo que estáis vendiendo es un señor que compone con una guitarra o un piano? Les caió como un jarrón de agua fría. Todo esto te bombardea, no puedes luchar contra Telefónica, es imposible.

??: Yo creo que el problema del poder es que tiene mucha capacidad de sugestión. Y a veces nos atrae el poder por el poder, la parte estética. En fin, ver como se concentra tanta gente, en los estadios, eso nos atrae muchísimo. Participamos aunque no queramos. Yo soy crítico musical, y estuve en la reentré de Montserrat Caballé. Y no tuve la sensación de estar en un auditorio de música. Tuve la sensación de estar en un ritual pagano de adoración de la diosa. Y a mi me hacían participar de una cosa que no quería. El poder atrae mucho. Estos grupos, pop, rock, son pequeños calígulas que tienen control sobre todo y que son niños mimados, y muchas la joventud se ve allí proyectada como si fuera su objetivo. Me duele porque lo que creo es que esto te desensibiliza para detectar estas formas de poder. Como música, me gusta mucho Wagner, pero soy muy consciente del efecto que produce. La música no es algo neutro, se puede usar para bien y para mal. ¿Existe una ética, verdad? Se está jugando demasiado con fuego, y estamos creando una generación de fascistoides bastante sólida. No nos damos cuenta. Para que haya poder tiene que haber alguien sometido a él, si no, no existe.

[Inaudible, de fons, potser LC, dient “la música es la música”]

??: El ritmo de marcha militar, lo sepas o no, te afecta. No pongas un vals, se mueren de aburrimiento.

CP: Primero el obrero va a la fábrica y le imponen un ritmo por el cual su productividad se va acelerando. Y este mismo ritmo es el que va a transmitirse en los lugares públicos. Por eso no quiero criminalizar tipos de música en general, hay de todo. La música bien hecha merece todo el respeto. Cuando está mal hecha es mera transmisión de estos ritmos casi militares.

JO: Pero esto ha pasado siempre. La iglesia usaba la música para extender su poder, entiendo que en la música tribal, detrás hay un poder. Pero entiendo que ahora todo esto está mucho más extendido. Y que lo sabemos.

CP: Yo creo que es poder. Hablas de la iglesia, por ejemplo. Pero la gente sabía que era una fuente de poder. Pero ante la música que escuchamos ahora no tenemos esta actitud, creemos que nosotros tenemos el poder. Creo que hay una diferencia transcendental. Por eso lo de la escucha en continuidad, poder meter interruptores. Si el poder se ejerce como tal, lo sabes, sea religioso, político… Pero ahora el problema, tal como yo lo vemos, es que nos creemos muy libres y actuamos como tal, pero no lo somos. Hablo de nuestro ejercicio cotidiano, que consiste en acomodarnos y sentirnos libres en este acomodo, en línea con esta continuidad. Hacernos burbuja. Creo que no.

JO: Doncs ens recollim.


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