Nat 30 gen_06 Manolo Martínez
PUIGJANER: (Entusiasmado) ¿Lo ves? ¡Está completamente separada del suelo! La tienen en vilo, se podría decir.
RAMÍREZ: Vaya que sí.
PUIGJANER: Imagino yo que irían poniendo los andamios poco a poco y sacando a la vez las columnas o lo que hubiese antes.
RAMÍREZ: Como los giraplatos del circo.
PUIGJANER: ¿Eh?
RAMÍREZ: Sí, los que hacen girar platos encima de unas pértigas y van dando impulso a unos y otros según se les acaba.
PUIGJANER: (Perplejo) ¿Y qué tienen que ver los giraplatos ahora?
RAMÍREZ: Yo qué sé. A ver, tú te has parado delante de la plaza de toros y has empezado a ponderar enfáticamente las obras de rehabilitación. Me ha parecido descortés no responder, aunque no acierto a imaginar por qué te interesa, y he probado suerte con lo de los giraplatos. (Pausa) ¿Qué van a hacer aquí dentro?
PUIGJANER: (Con desgana) Un centro comercial.
RAMÍREZ: Claro está, no sé ni por qué pregunto. ¿No había ninguno por esta zona?
PUIGJANER: Por supuesto, un montón.
RAMÍREZ: ¿Entonces?
PUIGJANER: ¿A mí qué me cuentas? Yo qué sé, será porque les parece que hay que tener un centro comercial cada cuatro manzanas. Sólo te decía que han levantado la plaza de toros, entera, del suelo. No te habías dado cuenta, y es divertido.
RAMÍREZ: Ya, vale, soy un aguafiestas. ¿Así que es divertido que levanten del suelo la plaza de toros de Las Arenas y luego la emplasten encima de un centro comercial o, visto de otro modo, que le crezca un centro comercial debajo igualito que un hongo en pie de atleta?
PUIGJANER: (Fastidiado) Eso supongo que es poesía-protesta. (Pausa) A mí me ha parecido curioso lo de los andamios. (Pausa) No sé si te das cuenta de que, entre meterte conmigo y meterte con el centro comercial, se te ha escapado una sugerencia de apología de la plaza de toros. A saber si de la actividad o del edificio. Desde que nos conocemos no has venido mucho, así que tu afición taurina sería más bien adolescente, ¿o lo que te gustaba era el estilo arábigo ecléctico, la fantasía oriental puesta en pie por el arquitecto?
RAMÍREZ: Mira, ¿ves? Justamente ahí está la cosa: la fantasía oriental sigue en pie, aupada en vilo por tus andamios. Lo mismo que en el siglo pasado bastaba una hilera de arcos lobulados para que el aficionado taurino se sintiera sultán, lo mismo basta ahora para que se desfogue la familia al completo en el Carrefour, y encima con pretensión lúdica y de parque temático y quizá, y mandaría cojones, hasta educativa. Así la esfera armilar del centro comercial Gran Vía 2, y así la marinería en porexpán de Diagonal Mar. Por si fuera poco, manteniendo la fachada de la plaza de toros pueden también colgarse medallas de “actuación urbanísticamente respetuosa” y/o “audaz diálogo arquitectónico entre épocas, cita, recontextualización” según el viento que sople. De esa manera el ayuntamiento se siente de izquierdas, porque les obliga a sufragar una costosa (y, a lo que se ve, hilarante), puesta en vilo del edificio que ocupaba el solar; y de esa manera nadie pregunta nada más y se puede inaugurar otro puto centro comercial de mierda. (Coge aire)
PUIGJANER: Pues claro que sí, Ramírez, lo has explicado muy bien. (Suspirando) ¿Nos vamos?
RAMÍREZ: Poner la plaza de canto y echarla a rodar calle Tarragona abajo, en cambio, tendría su punto.
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