Nat 20 mai_04 José Luís Martín
Hace poco, leyendo el foro de la web de Bad Music, me sorprendí al descubrir cuál era mi cara de sorpresa leyendo quejas de algunos internautas sobre la realización de conciertos en algunos locales. Me di cuenta de que después de tanto tiempo, tantos años que incluso me han aconsejado alguna vez la jubilación anticipada, no han servido de nada; y soy más iluso que los que compran el cuponazo el lunes para cambiar de vida el viernes. Después de tantos años no me he dado cuenta de que los músicos molestan y más cuando invaden tu espacio de ocio con sus reivindicaciones artísticas. Todos sabemos que existen, y la mayoría entendemos que para llegar a ser populares se debe empezar desde abajo; pero no es tan lícito que ese aprendizaje debamos soportarlo los demás.
Me he dado cuenta de que los músicos son como los pobres, están ahí, pero no quiero verlos. Colaboro con alguna ONG cuando ingreso o pido un reintegro en el banco, limpio mi conciencia y punto; que luego no vengan a tocar los “güevos” en el metro. Y los músicos igual, compro algo de música (sobretodo en Navidad), pirateo más si puedo y me gasto mis buenos “boniatos” en ir a dos o tres conciertos al año, pero cuando estoy tomándome unas cervezas, que no vengan a tocarme los “güevos”.
Claro que matemáticamente el músico sirve para mucho, pero durante muy poco tiempo. Se trata evidentemente de la “X” de esa ecuación logarítmica mercantil que dice: Local nocturno vacío + de 10 a 12 h / gastos de apertura = Pérdida económica, y que se compensa con la ya conocida de “X” + de 10 a 12 h./ gastos de apertura = Rentabilidad.
Sustituimos la “X” de marras por “grupo tocando” y tenemos reflejada la política del 90% de los locales, dejando el otro 10% para aquellos que realmente se creen la historia, que todavía los hay. Pero amigo, cuando llegan las 12 H. Al igual que el cuento machista del zapato de cristal, la cosa cambia. El grupo molesta, al fin y al cabo no ha traído tanta gente; debe desaparecer lo antes posible porque llega el público de la sala, ojito: EL PÚBLICO DE LA SALA; y el grupo molesta porque la gente quiere bailar, no está para que le agujereen los tímpanos con guitarras y cantantes desafinados, quieren los éxitos del momento, lo que más suena, lo más indie, porque, eso sí, las salas siempre se caracterizan por tener EL PÚBLICO DE LA SALA más ducho en música, más independiente y entendido.
Total que al final me corroe la duda de a quién mando a la mierda en esta ocasión, si a las salas o AL PÚBLICO DE LA SALA… Mejor no mando a nadie más, porque allí están los músicos que son utilizados como chicas de alterne para vender copas, el otro 10% de las salas, que creyendo en la historia pierden clientes a los que molestan los músicos, y los melómanos, que nos gusta ver un grupo tocando en un bar y debemos soportar a EL PÚBLICO DE LA SALA. ¡Vaya mierda!