Nat 11 jul_03 José Luis Martín
Siempre nos quejamos que la industria musical está en franca decadencia y que, desgraciadamente, la música que nos agrada es de consumo minoritario. Esto nos supone no poder escuchar nuestras vibraciones en la mayor parte de la emisoras de radio, tener que soportar mediocridades y música basura por doquier y demás quejas que a buen seguro conocéis porque somos muy duchos en lanzarlas a diestro y siniestro.
Sin embargo, yo soy de la opinión que todo eso no deja de tener su encanto. El ser minoritario es a la larga más gratificante y estimulante. No me sugiere nada agradable transformar la música que me gusta en un producto mayoritario, de consumo masivo y al alcance de cualquier aparato reproductor. Ser diferente no es ningún delito, es más, es un privilegio, una virtud e incluso un “don”; ser diferente es sentirse más vivo y menos aborregado, sentirse diferente es saberse algo exclusivo (sin pedantería ni pretensión, más allá de la mera identidad propia)… En fin, me agrada ser minoritario.
Posiblemente por eso, desde hace tiempo he dejado de acudir a los conciertos multitudinarios y prefiero las salas pequeñas, con poco público y bandas no muy conocidas, posiblemente por eso o porque padezco claustrofobia y no quiero reconocerlo. Me arrepiento de verme a mi mismo haciendo colas masificadas para entrar en un festival, o repitiendo lo mismo para desahogar la vejiga; sufriendo lo indecible para tomarme una cerveza caliente, y tener que hacer pogos en la cola para que nadie se cuele.
En definitiva, al final todo se reduce a lo mismo: sorpresas musicales pocas, agobio y tedio para parar un carro, sonido malísimo en la mayoría de las ocasiones y contraprogramación en los escenarios a punta y pala. Además, te debes mezclar con esa fauna humana que detestas en tus noches de ocio, esos de poco pelo y menos cerebro que se están convirtiendo en paisaje habitual de los festivales, últimamente.
Después de varias decepciones musicales y alguna sorpresa que lo es más por nadar en la miseria que por lo decente de su propuesta, terminas por no distinguir el chumba-chumba del tecno progresivo y te consuelas exclamando que no son asquerosos rapados (la mayoría fascistas) y que son gente normal que seguirán algún tipo de quimioterapia de choque.
Pero para que nos vamos a engañar, lo que ocurre es que la música independiente no es mayoritaria, pero los festivales de verano sí, están de moda, y además han descubierto un filón en el makineo disfrazado de progresismo tecnológico…
Qué asco, me retiro a mi sala pequeña, a pasar calor, a ver algún grupo maketero y a olvidarme del chumba-chumba, eso lo dejo para los festivaleros.